El 25 marzo, el Consejo Normativo de Contabilidad aprobó la adopción de las NIIF S1 y NIIF S2 en el Perú. Con ello, la sostenibilidad deja de ser un discurso periférico y pasa a ser una variable financiera que las empresas deberán gestionar con trazabilidad, materialidad y evidencia. En ese nuevo marco, el desafío ya no es solo ejecutar proyectos ambientales y sociales, sino estructurarlos de manera que puedan ser leídos por el mercado como parte de una estrategia de riesgo, acceso a capital y creación de valor.
Durante años, buena parte de los proyectos ambientales y sociales en la industria energética y extractiva han sido tratados como obligaciones operativas, compromisos voluntarios por responsabilidad empresarial y/o por imagen reputacional: necesarios, valiosos, pero difícilmente reconocidos por el mercado como algo que pueda atraer capital, reducir riesgo o generar una lógica de retorno financiero El problema no es la falta de buenas intenciones. El problema es la falta de arquitectura y trazabilidad.
En contextos de restricción presupuestaria, volatilidad regulatoria y mayor escrutinio de inversionistas, la discusión ya no puede quedarse en el plano reputacional. Ahora, la industria necesita responder ¿qué proyectos de sostenibilidad pueden convertirse en decisiones financieras defendibles para directorios, bancos y fondos de inversión? Esa es la diferencia entre… Puedes seguir leyendo la columna en nuestra edición Energiminas 126 aquí.