La brecha entre la creciente demanda de metales y la capacidad real de producción se amplía, mientras los proyectos mineros continúan enfrentando largos ciclos de maduración. La industria minera global enfrenta la urgencia de acortar plazos pues no puede seguir operando con planes de desarrollo incompatibles con la urgencia energética y tecnológica actual en un escenario marcado por tensiones geopolíticas y una demanda acelerada de minerales estratégicos impulsada por la electrificación global. Poner en operación una nueva mina en el Perú puede tardar hasta 40 años. El mundo necesita más minerales, y los necesita con mayor rapidez. El presidente del World Mining Congress 2026, Abraham Chahuan, ha señalado antes: “El mundo no puede darse el lujo de esperar tanto”. Y lo reitera en esta entrevista.
¿Cómo evalúa hoy la competitividad del sector minero peruano frente a otros países, como Chile o, más recientemente, el Congo?
El Perú sigue siendo altamente competitivo por su riqueza geológica y su tradición minera. Sin embargo, hoy la competitividad ya no se define solo por los recursos, sino por la capacidad de los países para desarrollar proyectos con eficiencia, predictibilidad y seguridad.
En ese contexto, otros países han avanzado con mayor velocidad. La República Democrática del Congo, por ejemplo, ya ha desplazado al Perú como segundo productor mundial de cobre. En la región, Argentina está dando pasos importantes para atraer inversión con marcos más competitivos.
El desafío para el Perú es claro: mantener su fortaleza geológica, pero complementarla con mejores condiciones para la inversión, mayor eficiencia en los procesos y una respuesta firme frente a la ilegalidad, que hoy también afecta nuestra competitividad.
A su parecer, ¿cuáles son los principales cuellos de botella que limitan la competitividad de la minería en el Perú?
El principal cuello de botella es la falta de eficiencia en los procesos administrativos. Existen duplicidades, superposición de trámites y tiempos excesivos que ralentizan la inversión.
Hoy, desarrollar un proyecto minero puede tomar décadas, no por falta de recursos, sino por la complejidad del sistema.
Pero el desafío también es institucional. Necesitamos un Estado más articulado, que priorice decisiones técnicas y entienda que el objetivo final es generar desarrollo para la población.
Cuando los recursos de la minería no se traducen en obras y bienestar, se generan brechas sociales que terminan afectando la viabilidad de los proyectos.
En un contexto de elecciones, ¿qué rol juega la estabilidad jurídica en la atracción de inversión minera?
La estabilidad jurídica es fundamental. La minería es una inversión de largo plazo y requiere reglas claras, continuidad y predictibilidad.
En un contexto electoral, esto cobra aún más relevancia, porque los inversionistas… Puedes leer la entrevista en nuestra edición Energiminas 126 aquí.