La incertidumbre global, el avance acelerado de la inteligencia artificial y factores locales como la volatilidad política están redefiniendo el rol de las áreas de tecnología en las empresas. Ese fue el punto de partida de la conferencia de Rafael Estrada, gerente de TI, Telecomunicaciones y Control de Procesos de Compañía Minera Antamina, durante el CIIT Latam Congress 2026, donde planteó un desafío central: cómo seguir entregando valor en medio del caos.
Estrada advirtió que las organizaciones operan hoy en entornos cada vez más volátiles, inciertos, complejos y ambiguos, influenciados por variables como el cambio climático, tensiones geopolíticas y la irrupción de la inteligencia artificial generativa. A ello se suman dinámicas locales, como procesos electorales impredecibles, que incrementan el nivel de incertidumbre para la toma de decisiones empresariales.

En este contexto, explicó, los líderes tecnológicos deben asumir un rol activo en la gestión de riesgos. Citó como ejemplo amenazas crecientes como la desinformación mediante contenidos sintéticos y la ciberseguridad, así como los riesgos a largo plazo derivados del uso inadecuado de inteligencia artificial. “Si los datos no están bien gestionados, los resultados tampoco lo estarán”, señaló.
Uno de los puntos más críticos fue la llamada “paradoja de la inteligencia artificial generativa”: aunque ocho de cada diez empresas ya desarrollan iniciativas en este campo, solo una minoría logra resultados concretos en términos de valor de negocio. Según Estrada, esto responde a implementaciones desconectadas de los procesos clave, limitaciones tecnológicas y factores humanos como la resistencia al cambio.

Frente a este panorama, propuso varias líneas de acción. En primer lugar, reconocer y aceptar la naturaleza del entorno actual. En segundo, mantener una relación cercana con las operaciones del negocio para alinear las soluciones tecnológicas con las prioridades reales, especialmente en sectores como minería, energía y petróleo.
También destacó la importancia de la colaboración efectiva entre empresas, socios tecnológicos y organizaciones del sector, así como el diseño de soluciones resilientes, capaces de operar incluso ante fallas o interrupciones. A ello sumó la necesidad de impulsar la agilidad organizacional y trabajar la cultura interna para facilitar la adopción del cambio.