La reparación del sistema de dos gasoductos y la confianza en el gas natural

Escribe Arturo Vásquez Cordano, socio de GĚRENS y ex viceministro de Energía

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El incidente ocurrido el 1 de marzo en el sistema de transporte de gas natural marcó un hecho inédito para la infraestructura energética del Perú. Por primera vez desde que el gas natural comenzó a transformar la matriz energética del país hace más de dos décadas, el sistema de transporte sufrió una interrupción de esta naturaleza, que obligó a detener simultáneamente los dos ductos que lo conforman: el ducto de gas natural seco y el ducto de líquidos de gas natural.

Según lo anunciado por el Ministerio de Energía y Minas, los trabajos de reparación presentan avances importantes y podrían completarse dentro del plazo de 14 días estimado por Transportadora de Gas del Perú (TGP). Sin embargo, es importante recordar que la recuperación plena del sistema dependerá de que ambos ductos entren nuevamente en operación.

El sistema de transporte funciona como una infraestructura integrada. El ducto de gas natural seco abastece a las centrales eléctricas, a los hogares, a la industria y al transporte que utiliza gas natural vehicular (GNV). El ducto de líquidos, por su parte, transporta los líquidos de gas natural que luego se procesan en la planta de fraccionamiento de Pisco para producir GLP, un combustible esencial para millones de hogares. La operación simultánea de ambos ductos es, por tanto, clave para restablecer el abastecimiento energético habitual.

En el corto plazo, la prioridad es clara: culminar con éxito la reparación de los dos ductos del sistema de transporte y restablecer plenamente el transporte de gas desde la planta de Malvinas.

Durante la emergencia se activaron mecanismos de racionamiento previstos en la normativa vigente. Estas medidas han permitido priorizar el suministro hacia los hogares, pequeños comercios, industrias esenciales, el transporte público masivo y los servicios de salud. Al mismo tiempo, se establecieron restricciones temporales para el uso de GNV en taxis y transporte privado, así como limitaciones en el consumo de grandes empresas y generadores eléctricos.

Estas decisiones, aunque necesarias para administrar la escasez temporal, han generado preocupación sobre la confiabilidad del sistema de gas natural. Sin embargo, conviene poner este episodio en perspectiva. Durante más de veinte años de operación, el sistema de transporte de gas natural ha funcionado con altos niveles de confiabilidad (por encima del 99%), permitiendo una transformación profunda de la matriz energética del país.

Gracias al gas natural, el Perú pudo sustituir combustibles líquidos más caros y contaminantes, reducir los costos de generación eléctrica y mejorar la competitividad de su economía. Hoy el gas natural es el principal combustible del sistema eléctrico y una fuente energética fundamental para la industria, el transporte y los hogares.

La reciente escasez también dejó ver algunos efectos indirectos en el mercado energético. Muchos vehículos duales, ante la menor disponibilidad de GNV y GLP, aumentaron su consumo de gasoholes, lo que elevó la demanda de combustibles líquidos en los grifos. Este incremento ha puesto presión sobre la logística de abastecimiento basada en camiones cisterna, en un contexto internacional de mayores precios del petróleo asociados a tensiones geopolíticas en Medio Oriente.

El ducto de gas natural seco abastece a las centrales eléctricas, a los hogares, a la industria y al transporte que utiliza gas natural vehicular (GNV). El ducto de líquidos, por su parte, transporta los líquidos de gas natural que luego se procesan en la planta de fraccionamiento de Pisco para producir GLP, un combustible esencial para millones de hogares.

Este contraste resalta una de las ventajas del gas natural: su capacidad de transportar grandes volúmenes de energía de manera continua y eficiente a través de ductos, reduciendo costos logísticos y mejorando la seguridad energética.

Por estas razones, el gas natural seguirá siendo una de las mejores alternativas para la matriz energética peruana. Además de ofrecer costos competitivos, cumple un rol fundamental para garantizar la estabilidad del sistema eléctrico, complementando otras fuentes de generación como las energías renovables solar y eólica, y permitiendo responder con flexibilidad a las variaciones de la demanda.

En el corto plazo, la prioridad es clara: culminar con éxito la reparación de los dos ductos del sistema de transporte y restablecer plenamente el transporte de gas desde la planta de Malvinas. Lograrlo permitirá recuperar la normalidad del suministro energético y reafirmar la confianza en un recurso que ha sido clave para el desarrollo económico del país.

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