En un país donde la minería marca buena parte del pulso económico, la conversación que la rodea ya no ocurre sólo en auditorios o mesas técnicas: hoy sucede en un espacio mucho más amplio y veloz que cualquier sala de audiencias o mesa técnica. Se mueve en tiempo real a través de plataformas digitales, transmisiones en vivo, foros y comunidades informativas que pueden escalar un contenido en minutos. Por eso, en este Día del Minero, vale detenerse en un aspecto que está reconfigurando la relación entre industria y ciudadanía: la necesidad de comunicar con claridad técnica, evidencia verificable y un lenguaje accesible, en un entorno donde la información circula al mismo ritmo en que se produce.
El peso del sector es evidente. Según estimaciones del sector (Ernst & Young Perú, Anuario Minero del MINEM, BCRP), la minería en años recientes ha contribuido alrededor de 9,5‑10 % al PIB y sus exportaciones han representado más del 60 % de las exportaciones nacionales. Con esa magnitud, cada decisión ambiental, productiva o social se vuelve parte de un debate público permanente. Y en ese espacio, la confianza no depende exclusivamente de la operación; se sostiene en la trazabilidad y calidad de la información que se comparte. En minería, transparencia significa hacer los reportes comprensibles sin sacrificar rigor.
Las operaciones mineras generan una enorme… Puedes seguir leyendo esta columna en la edición 123 de la revista Energiminas.