La minería peruana enfrenta en 2026 un escenario que combina precios históricamente altos con riesgos estructurales que podrían impedir que el país aproveche plenamente este ciclo favorable. Para Gustavo De Vinatea, gerente general del Instituto de Ingenieros de Minas del Perú (IIMP) y miembro del comité organizador de proEXPLO 2026, el principal cuello de botella está en la limitada cartera de nuevos proyectos y en la necesidad de acelerar la exploración minera.
“No nos damos cuenta de que el último gran proyecto minero que se ha desarrollado en el Perú es Quellaveco”, advirtió De Vinatea en entrevista con El Comercio, al subrayar que la ausencia de nuevos yacimientos de cobre y oro restringe la posibilidad de elevar la producción y capitalizar el buen momento de los metales.
Las cifras muestran una mejora, aunque todavía lejos de lo que el sector requiere. A octubre de 2025, la inversión en exploración minera alcanzó los US$ 597 millones, una dinámica que, según De Vinatea, “se va a mantener e incrementar en el 2026”.
El ejecutivo del IIMP considera que este repunte es clave para revertir varios años de retroceso en la búsqueda de nuevos yacimientos, provocados por “malas políticas públicas que ralentizaban la atracción de capitales”. Sin embargo, alerta que el país todavía crece por debajo de su potencial frente al ciclo alcista del cobre, el oro y la plata.
“No debemos pensar en crecer poco, porque lo estamos haciendo a tasas mediocres respecto a la gran oportunidad que tenemos al frente”, advirtió.
De Vinatea identifica una amenaza que podría comprometer las perspectivas del sector: el avance de la minería ilegal.
“El gran reto de la minería para este 2026 es hacer frente de manera decidida a la minería ilegal, pero sin dejar de apoyar a los pequeños mineros y mineros artesanales que sí quieren formalizarse”, sostuvo.