Alrededor de 1.7 millones de hogares peruanos viven en situación de pobreza energética y más del 70% de los ubicados en zonas rurales de la sierra y selva aún dependen de combustibles sólidos como la leña y carbón para cocinar o para calentarse en un entorno frío. Y este es un problema también de salud pública que puede ser extensamente mitigado con políticas acertadas relacionadas con la distribución de fuentes de energía. Y sí, Camisea, el yacimiento de gas natural situado en el Cusco, también podría desempeñar un rol vital pues también produce gas licuado de petróleo o GLP.
Por economía de escala, hay lugares a los que el gas natural no llegará. En estos casos, dijo Arturo Vásquez, director de investigación de Gerens en el PERÚ ENERGÍA Sur Arequipa, el GLP es la mejor opción, o al menos una alternativa real y viable. El 70% del GLP que consume el Perú se produce en Camisea y podría fácilmente reemplazar la leña y el carbón porque es portable. “Debemos utilizar todos los combustibles de la mejor manera y no focalizarnos en un solo producto para que lleguen a la población más vulnerable”, sostuvo. Camisea produce GLP en su planta de Pisco.
La pobreza energética, explicó José Mantilla, consultor de hidrocarburos y expresidente de Perupetro, es la incapacidad de un hogar para acceder a servicios energéticos de calidad, no contaminantes y seguros. La pobreza energética está estrechamente vinculada a la economía de los países. “En el Perú aún no entendemos que los friajes no se combaten con frazaditas”, sostuvo.
Carlos Gonzales, gerente general de Enerconsult, refiere que el sector hidrocarburos está “abandonado hace muchos años”, lanzado a su suerte, y la ausencia del Estado en las zonas más alejadas del país, en donde paradójicamente suelen estar situadas las operaciones petroleras, ha agudizado la pobreza energética. Los privados, recordó, frente a este escenario, han tenido que inventar mecanismos como los fondos sociales para ejecutar labores y obras relacionadas con los servicios básicos y la mejora de la calidad de vida. Como el Estado está ausente y los recursos no son idóneamente utilizados, las empresas han tenido que inventar este fideicomiso que garantice el avance social de las comunidades en los alrededores de la operación.
Para este consultor, el país ha dejado de ser competitivo porque aún no moderniza sus normas y porque exige elevadas regalías cuando competidores como Brasil, Uruguay y hasta Nicaragua piden menores tasas.