Un investigador del Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico (Ingemmet) desarrolla un estudio en la Antártida occidental para comprender cómo los procesos geológicos submarinos y el retroceso glaciar influyen en la liberación de gases de efecto invernadero desde el fondo marino.
El ingeniero Anthony Quilca Huanca participa en una campaña científica a bordo del BAP Carrasco. Allí recoge información del subsuelo marino usando perfiles sísmicos. En términos simples, envía ondas al fondo del mar y analiza cómo rebotan para “ver” qué hay debajo, hasta unos 100 metros de profundidad.
Su trabajo busca entender cómo el fondo marino libera dióxido de carbono (CO₂) y metano (CH₄), dos gases que atrapan el calor en la atmósfera y aceleran el calentamiento global. No todo ese gas proviene de actividades humanas. Una parte también sale del océano.
El proyecto se desarrolla en el Estrecho de Bransfield y en las Islas Shetland del Sur, zonas donde hay volcanes submarinos y donde los glaciares se están derritiendo cada vez más rápido. La Antártida occidental es una de las regiones más vulnerables al aumento de temperatura. Cuando el hielo retrocede, no solo cambia el paisaje: también puede alterar procesos químicos y geológicos que estaban “dormidos”.
También utiliza batimetría multihaz, una tecnología que permite hacer un mapa detallado del relieve submarino. Con eso puede detectar posibles zonas donde estén saliendo gases, como ocurre en el sector de Hook Ridge.
Además, extrae muestras de sedimento con una draga tipo Van Veen, una especie de gran cuchara metálica que recoge material del fondo marino. Estas muestras provienen de lugares como Ensenada McKellar y Bahía Fildes, áreas donde el hielo ha cambiado mucho en los últimos años.
El estudio incluye mediciones del agua con una roseta equipada con sensores CTD. Estos instrumentos miden conductividad (que ayuda a calcular salinidad), temperatura y profundidad. Con esos datos se analiza cómo las condiciones del mar influyen en la producción o captura de gases.
Los resultados contribuirán a mejorar los modelos climáticos globales y a fortalecer estrategias de monitoreo en regiones críticas. Entender lo que ocurre bajo el hielo y en el fondo del mar antártico es clave para anticipar cómo responderá el planeta frente al cambio climático.