El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha planteado que empresas petroleras estadounidenses inviertan miles de millones de dólares en Venezuela con el objetivo de reactivar su industria petrolera, pese a que el país sudamericano —que posee las mayores reservas probadas de crudo del mundo— mantiene una producción muy por debajo de su potencial. Trump afirmó que estas compañías podrían reparar la infraestructura “muy dañada” y generar ingresos para el país.
Sin embargo, expertos del sector consultados por BBC advierten que el plan enfrenta enormes desafíos. La industria petrolera venezolana sufre décadas de desinversión, deterioro de infraestructura, sanciones internacionales y una profunda inestabilidad política. Analistas señalan que restaurar la producción requeriría decenas de miles de millones de dólares y podría tomar hasta una década para alcanzar niveles significativos.
Actualmente, Venezuela produce cerca de 860.000 barriles diarios, menos de un tercio de lo que generaba hace una década y menos del 1% del consumo mundial. Además, gran parte de sus reservas corresponde a petróleo pesado y agrio, más costoso y complejo de extraer y refinar, lo que reduce el atractivo inmediato para las petroleras.
De acuerdo con especialistas interrogados por BBC, las empresas no invertirían sin un cambio político estable en el país, ya que los riesgos legales y financieros siguen siendo elevados. Incluso si la producción se recuperara, el impacto sobre el mercado global del petróleo sería limitado, dado el alto nivel de oferta mundial.