La minería peruana atraviesa un punto de inflexión. Con exportaciones cercanas a los US$ 50 mil millones, un portafolio de inversiones que supera los 65 mil millones y un crecimiento de doble dígito en los primeros meses del año, el país consolida su posición como uno de los principales actores del mapa minero mundial. No obstante, el reto —coinciden especialistas— ya no es solo sostener ese dinamismo, sino traducirlo en desarrollo sostenible y beneficios concretos para la población.
Así lo señala Mario Saavedra, director de la Cámara Chilena-Sudafricana, quien advierte que el éxito del sector no debe medirse únicamente en volúmenes de producción. “El verdadero éxito de la minería no se medirá en toneladas exportadas, sino en su capacidad de convertirse en un motor de cohesión social y progreso para todos los peruanos”, afirma. Bajo esa premisa, identifica cinco medidas clave que definirán el futuro del sector de cara a 2026.
Uno de los principales desafíos es avanzar hacia una formalización efectiva de la pequeña minería. Actualmente, más de 30 mil registros cuentan con autorización, lo que representa una oportunidad para dinamizar las economías regionales. Sin embargo, Saavedra subraya que la formalización no puede limitarse al ámbito regulatorio, sino que debe incluir acceso a financiamiento, asistencia técnica y articulación productiva que permita a los pequeños productores ser competitivos y sostenibles.
Otro punto crítico es la lucha contra la minería ilegal, una actividad que continúa generando graves impactos ambientales, pérdida de ingresos fiscales y fortalecimiento de redes criminales. El especialista considera que los operativos aislados han demostrado ser insuficientes y plantea la necesidad de una estrategia nacional integral que combine control territorial sostenido, inteligencia financiera, fortalecimiento de las fuerzas de seguridad y alternativas económicas para las comunidades involucradas.
La licencia social también ocupa un lugar central en la agenda del sector. El sur del país concentra los principales proyectos mineros, pero su viabilidad depende —según Saavedra— de procesos de diálogo temprano, transparencia en la gestión de los recursos y beneficios tangibles para las comunidades. Experiencias recientes muestran que la inclusión de la población desde la etapa de diseño, con mejoras en educación, salud, infraestructura y oportunidades económicas, contribuye a reducir significativamente los conflictos sociales.
Asimismo, el directivo destaca la importancia de utilizar la renta minera para diversificar las economías regionales. Destinar parte de estos recursos a impulsar nuevas cadenas de valor permitiría disminuir la dependencia exclusiva de la extracción y fortalecer bases productivas más sólidas y resilientes en las zonas de influencia minera.
Finalmente, Saavedra resalta el rol estratégico del sur del Perú en la formación del talento que demandará la minería del futuro. La incorporación de tecnologías como la automatización, la inteligencia artificial y el análisis de datos en tiempo real exige nuevos perfiles profesionales y liderazgos preparados para entornos digitales. En la región ya se observan iniciativas educativas, emprendimientos tecnológicos y propuestas orientadas a la sostenibilidad, aunque el reto será consolidarlas mediante una mayor articulación entre empresas, centros de formación, gobiernos regionales y gremios.
“La minería tiene que dejar de ser vista solo como un negocio extractivo”, concluye Saavedra. “Si el Perú logra dar estos pasos, podrá transformar su potencial geológico en progreso real, cohesión social y sostenibilidad para las próximas décadas”.