Segunda vida: ¿qué posibilidades económicas hay tras el cierre de una mina?

Segunda vida: ¿qué posibilidades económicas hay tras el cierre de una mina?

Por Jean Piere Fernández

A propósito del anuncio de Barrick Perú, que baraja alternativas para sacar provecho comercial de la mina Pierina, en Áncash. Aquí algunas ideas. Porque una mina no se acaba cuando se acaba. Las minas se reinventan en el mundo. Lo que antes era un yacimiento del que se extraía oro, hoy es un parque temático, o un lugar para los deportes de aventura. Porque una mina también puede reencarnarse. Con buenas ideas, con ciencia y, sobre todo, con responsabilidad social.

La minería ha hecho muchas cosas mal. Pero también hay de las otras. La minería mundial muestra muchos ejemplos de rehabilitación exitosa. Y si la minería aporta beneficios a la sociedad, generalmente económicos, estos no deberían detenerse cuando la explotación concluye. Una segunda vida es posible y los beneficios pueden provenir de otra actividad. El Rother Valley Country Park, de Londres, en el que ahora se hacen carreras de cross, se pasea en motos acuáticas y se juega al golf, fue antes una mina. ¿La minería es un ave de paso? Muchos proyectos en el planeta contrarrestan esta idea. La mina siempre tiene vida. Aquello que fue un paisaje lunar puede convertirse en edén.

Rafael Fernández Rubio ha viajado al continente americano unas 459 veces y 16 de ellas al Perú para estudiar el impacto de la minería en los ecosistemas. Para la Asociación Internacional de Hidrólogos, Rafael Fernández es el “hidrólogo del milenio”. Y es también un ferviente creyente en las segundas posibilidades de la minería. Ha dedicado su vida a los problemas del agua y a la actividad minera. Detesta el concepto de restaurar porque se aplica a algo que se ha roto y quiere volverse a su estado anterior a la explotación “y eso no es lo que buscamos”.  

En Eslovaquia, se cerró una mina subterránea porque se agotó su interés económico y hoy el lugar es un área para los deportes de exploración subacuática.

El objetivo de la industria minera, una vez concluida su actividad en alguna parte del mundo, es rehabilitar el paisaje o, como lo entiende Rafael Fernández, premio Rey Jaime I a la Preservación del Medio Ambiente, “volver a poner en servicio lo que ya estaba inservible”. Y añadió para esta revista: “Lo que hacemos en minería, lo que se nos pide es volver a darle una nueva vida”.

La cantidad de ejemplos de lo que se puede hacer tras haber concluido la explotación de un yacimiento es desbordante. En España, en Huelva, la mina corta Atalaya, explotada por los tartessos, fenicios, cartagineses, romanos, visigodos, los árabes y ahora nuestros contemporáneos, sirvió  de escenario para un libro.

Juan Cobos Wilkins, cuyo libro El corazón de la Tierra tiene como escenario este yacimiento, señaló que la corta Atalaya pertenece “al patrimonio de la memoria, de la conciencia y del corazón”.

La corta Atalaya está declarada Bien de Interés Cultural, y sirve al turismo de ese municipio.

En la ciudad de Córdova, también en España, es visitada una mina de sillar, material con el que eran construidos los puentes. Esa cantera es actualmente un restaurante. “Yo he comido allí; es un placer”, afirmó Fernández Rubio.

En Eslovaquia, se cerró una mina subterránea porque se agotó su interés económico y hoy el lugar es un área para los deportes de exploración subacuática. Los visitantes en el presente recorren sus galerías haciendo submarinismo pues se inundó por completo.

En la Cueva El Soplao, en Cantabria, los espeleólogos estudian las formaciones rocosas y unos 300,000 turistas anualmente recorren en trenes esa red laberíntica de cuevas. “Aquí se hace turismo de aventura y turismo científico”, subrayó el experto.

En la ciudad de Braga, en Portugal, se construyó un estadio en una antigua cantera de granito, y debajo de lo que era el filón se ha creado una sala de exposiciones de pintura. La idea de montar un estadio allí es obra  del arquitecto portugués Eduardo Souto de Moura, por la que ganó el Premio Pritzker de arquitectura en el 2011.

 En las Islas Baleares una antigua cantera de arenisca sirve ahora de auditorio para escenificaciones teatrales y conciertos de música de cámara, y una antigua mina en Suecia sirve también para conciertos de ópera. En ella se presentó Plácido Domingo. “Esta cantera produce hoy más dinero que cuando era una mina”, afirmó Fernández. Y añade: “Esta cantera no se ha restaurado sino rehabilitado”.

Alrededor de la mina Las Médulas, de la que escribió Plinio el Joven, se han  establecido hoteles y llegan muchos turistas para visitar al declarado patrimonio natural por la Unesco.

En Brasil, en Belo Horizonte, el parque desde el que el papa Juan Pablo II celebró misa (Parque das Mangabeiras) fue antes una mina de hierro, y hoy encontramos en ella agua y un bosque.

Otra mina de hierro, la de Cabárceno, es ahora un área paisajística privilegiada. La mayor agrupación de oso pardo del mundo vive aquí. Hay también elefantes y otras tantas decenas de especies en extinción. Los visitantes recorren el parque a través de un sistema teleférico.

UN QUIEBRE TECNOLÓGICO

Los conflictos entre la actividad minera y las poblaciones son frecuentes. La minería deja residuos. Tanto la moderna como la pasada. Por eso las autoridades de los países exigen a las grandes empresas cumplir con la legislación del proceso de cierre de minas. ¿Y si la minería no la dejara o si su impacto fuera el menor posible? Existe una tecnología que pugna por una minería de cero residuos. Lo que para algunos ingenieros es una utopía, para los inconformistas es una posibilidad muy cercana.

La empresa JRI Ingeniería es chilena y dice contar con una tecnología de ruptura, una que cambiará para bien la actividad al reducir sus costes y, en simultáneo, mejorará la relación entre las mineras y las comunidades adyacentes a los proyectos extractivos.

Por lo común, un proyecto minero necesita un tajo, botaderos y relaveras. Lo que propone Juan Rayo, a través de JRI Ingeniería, es una minería sin tajo, sin botaderos ni desmontes y sin relaveras. “La minería actual necesita un quiebre tecnológico”, dijo Rayo en una conferencia ante ingenieros del mismo campo a su paso por Perú, este año, para presentar la tecnología.

La minería tradicional de cobre, por ejemplo, usa explosivos para fragmentar las rocas y posibilitar el traslado del mineral en camiones. Sin estas explosiones sería demasiado costoso e inmensamente trabajoso remover el mineral.

Se truena la zona estéril y, usualmente, bajo esta capa de roca sin valor económico, se halla el mineral oxidado y el sulfurado, que pasan por el proceso de lixiviación, y luego se alcanza la zona verdaderamente mineralizada.

Este proceso, que ejecutan las más modernas empresas mineras, con toda su tecnología y con todos sus millones, aún no han podido evitar generar polvo y aguas ácidas durante el proceso de producción. Un cálculo al aire nos retrata la situación: una mina que procesa unas 100,000 toneladas de mineral impactará hasta 70 kilómetros cuadrados de superficie para el traslado del material estéril, los botaderos y el área de la relavera.

 La tecnología de JRI Ingeniería para explotar un yacimiento es diametralmente opuesta. Como la minería tradicional, se empieza también por remover el material estéril y los óxidos y sulfuros hasta los botaderos, pero a diferencia de la minería actual, que los tienen allí permanentemente, los residuos de estos son usados para crear un tampón.

En otras palabras, la roca extraída, una vez se llega a la zona mineralizada, se retorna a su lugar de origen y se prepara el yacimiento para ser explotado de forma subterránea.

Alrededor del tampón se instalan muros de contención, y desde la planta concentradora (con espesadores de relave) se construye un túnel hasta el fondo de la zona mineralizada, que será traído hasta la planta mediante un sistema de correas, pasando previamente por un proceso de chancado.

Y mientras se extrae el mineral por abajo con el método del block caving, se rellena por arriba con una pasta, que es el residuo que resta tras haberle extraído todo el cobre. La mina, pues, se cierra con su propio material. “La diferencia está en la planta concentradora, que en lugar de contar con espesadores de relave, tendrá espesadores de pasta”, explicó Rayo. La densidad de la pasta será mejor a la del mineral, por lo que tenderá a esponjarse, y de allí la necesidad de los muros de contención. Y al final se colocan los arbolitos.

El problema yace en que este quiebre tecnológico, que nació en el 2012 y desde ese entonces se han hecho pruebas experimentales, no ha quebrado nada aún. Como todo quiebre tecnológico, las grandes empresas mineras esperan que otras utilicen la tecnología y, una vez probada en un proyecto minero real y de gran magnitud, darán el paso.

“Hay dos grandes mineras interesadas en la tecnología, pero ninguna de ellas quiere convertirse en la primera empresa en probar la tecnología; todas quieren ser la segunda”, confesó Rayo en su paso por el Perú.

 Y ahora, a través del correo electrónico, revela que esas dos empresas son Codelco y Antofagasta Minerals. JRI Ingeniería busca “una empresa minera audaz que acepte el desafío de ser la primera, y compartir con ella los beneficios de la patente”.

La remediación ambiental es un proceso, y antes de remediar los daños y rehabilitar el paisaje, es necesario primero investigar.

La tecnología de minería sin residuos o Wasteless  Mining, como la promociona la empresa, implica “operar las faenas mineras con alta productividad, sin personal en el tajo y con elevados procesos automatizados”.

El consumo de agua fresca con este tipo de tecnología disruptiva es de 0.25 metros cúbicos por tonelada de mineral. Se estima que los costos de una demostración de la tecnología rondan los US$200 millones. “Y nadie quiere pagar por ver”, sostuvo el ingeniero Rayo. Una tecnología como esta, si se llega a probar su utilidad, es buena para todas las empresas mineras y en especial para las cercanas a conglomeraciones urbanas. Y este es el caso de Michiquillay.

LA CIENCIA IMPORTA

La remediación ambiental es un proceso, y antes de remediar los daños y rehabilitar el paisaje, es necesario primero investigar. Una mala ejecución del plan de cierre de minas es consecuencia en gran medida de la mala ciencia.

Una empresa que lo entiende de esta forma es la Compañía de Minas Buenaventura, que invierte en investigación biológica, de fauna y flora, y en estudios geológicos, más de lo que supone el ciudadano de a pie.

Un cierre de minas, si bien se ejecuta, antes se investiga. “Buenaventura dedica un esfuerzo importante en investigación”, afirmó Ricardo Huancaya, que trabaja para la mina La Zanja. Más de US$1.5 millones destinó al cierre de la mina Orcopampa (Arequipa), y lo que antes era una relavera es hoy una laguna en la que nadan patos. El doble de ese monto invirtió la empresa en el cierre de Julcani (Huancavelica) y más de US$40 millones —un gran aumento— para el cierre de Tantahuatay.

De estos tres procesos, los científicos de Buenaventura extrajeron lecciones valiosísimas para el cierre de una operación y su posterior remediación y rehabilitación ambiental.

César Carrasco, biólogo de la minera, admitió ante decenas de ingenieros de minas que la empresa, en cuanto a los procesos de cierre, ha logrado “cosas positivas” y en otros casos “no hemos cumplido el objetivo”, y es cierto.

En algunos de los lugares remediados por la minera, se observó que un denominador común era la degradación del suelo y la pérdida de vegetación. “Otro problema frecuente era que, a pesar de los trabajos de cierre, en casi todos los componentes hemos tenido filtraciones de aguas ácidas y por lo tanto hemos continuado con el tratamiento de forma permanente”, refirió el biólogo, y entonces se preguntaron el porqué.

La única forma de solución al problema era comprendiendo el comportamiento de los ecosistemas de los lugares en los que opera la mina. Los científicos de Buenaventura se propusieron investigar el suelo, su composición, su calidad, y analizar los tipos de cobertura vegetativa y qué especie nativa tenía más probabilidades de éxito y, más aún, por qué.

“Usamos siempre especies nativas, pero era la combinación de estas especies la que debíamos entender”, infirió Carrasco, biólogo de la minera La Zanja.

Buenaventura buscó formas de mitigar el drenaje de aguas ácidas a través del suelo, y para ello echó mano de la inhibición bacteriana o, más precisamente, de soluciones para “inhibir la oxidación microbiana de los minerales sulfurados de los depósitos de material estéril, generador de acidez”.

También determinaron averiguar el tipo de cobertura vegetativa idóneo, que contara con el menor porcentaje de filtraciones y sea al mismo tiempo capaz de prevenir la generación de drenajes ácidos. Los resultados fueron fantásticos.

Se estudiaron tres especies nativas de flora: Weinmannia elliptica (“chichir”), Weinmannia cymbifolia (“panrro”) y Podocarpus oleifolius (“saucesillo”). Y la pregunta que se hicieron los científicos de la minera fue la siguiente: ahora bien, ¿cuál es la mejor forma de propagar la vegetación: con semillas, con esquejes o brinzales? Los resultados de los estudios demostraron que el método para propagar más vegetación sana era el de los brinzales y esquejes.

Buenaventura, desde el 2015 y hasta la actualidad ha producido más de 200,000 brinzales de especies nativas, que se utilizarán en el cierre de sus minas.

Con todo, el estudio también reveló que la especie vegetativa con el mayor porcentaje de sobrevivencia era el Podocarpus oleifolius: siete de cada diez plántulas de estas especies sobrevivieron, frente a cinco de cada diez de la Weinmannia elliptica y cuatro de cada diez de la Weinmannia cymbifolia.

En cuanto a los estudios del suelo, se determinó que los lodos, los residuos sólidos mineros y los residuos sólidos domésticos eran una novedosa y práctica forma de disminuir y hasta detener el drenaje de filtraciones ácidas.

De lo descubierto por estas investigaciones, Buenaventura ha dado con un nuevo enfoque para sus procesos de cierre de mina: el suelo artificial tecnosol, que no es una forma de mejorar el suelo con piedra caliza, como comúnmente se hace. A diferencia de la caliza, el tecnosol minimiza la oxidación de la pirita y neutraliza mejor la acidez del medio. Ahora bien, la minera sigue buscando más y  mejores soluciones.

HABRÁ MINERÍA

Cierre de minas siempre habrá porque la actividad extractiva es importantísima para la economía global. La minería es una actividad con mucho pasado, con un presente preponderante y, si no surgen tecnologías que reemplacen la utilidad del cobre, el oro y otros tantos metales, con un futuro prometedor. La recuperación del precio del cobre, en lo que va del año, es una de las más importantes mostrada por los metales, y un papel importante en el porvenir de la minería, al menos en la del cobre, la que mayor incidencia tiene en el Perú, lo representará China.

Las perspectivas del precio del cobre oscilarán entre los US$2.5 y US$2.8 la libra en el corto plazo para terminar luego ascendiendo hasta los US$3 o US$3.5 en el mediano y largo plazo.

Lo que actualmente están haciendo las empresas mineras es aprovechar el rebote del precio del cobre, de US$1.96 la libra en enero 2016 a US$2.8 actualmente para despalancarse y acumular caja, para luego invertir en los próximos años.

Richard Wilson, presidente de Metales de la consultora Wood Mackenzie, pronosticó que el precio del cobre ha iniciado su camino al alza y que para el 2022 la libra se cotizará a US$3.45.

Wilson dijo que el precio del cobre cerrará el 2017 a US$2,68/lb, aumentará hasta US$2,85/lb en el 2019 y llegará a un techo de $3,45/lb en el 2022.

El 11% del PBI peruano proviene de la industria minera, que genera más de US$20,000 millones de divisas cada año. En síntesis, en términos de ingresos, la minería es una fuente de riqueza innegable para el Estado, y su importancia podría ser aún mayor en los próximos años debido al contexto mundial de los metales, especialmente del cobre, y a los posibles futuros proyectos mineros, medianos y grandes, que podrían ejecutarse en el país.

La ministra de Economía y Finanzas Claudia Cooper cree que los fundamentos económicos son lo suficientemente altos para que el sector minero esté listo para correr “una nueva ola”.

Es cierto que la era de la China con un apetito inmenso por las piedritas llegó a su fin. En una de sus pasadas columnas, que publica The New Yok Times, el profesor Paul Krugman escribió que la era del “crecimiento superrápido” de China había llegado a su término.

«China ha sido la locomotora del crecimiento global en los pasados 15 años», escribió en una ocasión Bert Dohmen, presidente de Dohmen Capital Research Inc., asiduo colaborador de la revista Forbes.

Para los próximos cinco años (2017-2022) se prevé que las tasas de crecimiento de oferta y demanda de cobre refinado se desaceleren respecto del quinquenio precedente (2011-2016), atribuible principalmente al menor crecimiento económico de China, país que mantendría una participación en el consumo global superior al 50%.

El consumo de cobre de China bordea los diez millones de toneladas anuales, cuando en el año 2000 apenas se acercaba a los dos millones. La demanda global de cobre es de 22.5 millones de toneladas. El consumo de cobre en China no aumentará a pasos agigantados como en el pasado reciente sino en puntos básicos, mas seguirá siendo alto.

Como era de esperarse, el plan chino de crecer a base de exportaciones no es sostenible -no se puede exportar por siempre ni atraer inversiones ininterrumpidamente-, y por ello hoy Pekín ha optado por dinamizar el consumo interno.

China se ha propuesto electrificar el país, disminuir el uso de carbón y petróleo, incentivar la construcción de fuentes de energía limpia, estimular el desarrollo de los autos eléctricos, favorecer el establecimiento de trenes de alta velocidad, y todo ello se hizo y hace con cobre.

No obstante, China sigue siendo un mercado importante para el cobre en general y para países productores de este metal en particular como Perú y Chile.

Sergio Hernández, vicepresidente ejecutivo de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), le confesó a esta revista que su país “podría alcanzar su máximo de producción hacia el 2021 con 6,36 millones de toneladas, y hacia el 2026 una producción cercana a las 5,94 millones de toneladas”.

Y añadió: “Este crecimiento productivo (…) podría llevar a que la participación en la producción mundial de Chile pase de un 26,8% en el 2016 a un 25,3% en el 2026. Nuestro más cercano competidor, Perú, pasaría de un 11,4% a un 15,4% hacia el 2026.”

¿Y POR QUÉ NO REMEDIAR ANTES?

Hay muchos pasivos ambientales en el país, producto de la actividad minera del pasado. “Tenemos inventariados en el país cerca de 9,000 pasivos ambientales mineros. De este total, tenemos a cargo más de mil. Hemos venido trabajando desde 2007 y estamos en un avance significativo”, sostuvo Ramón Huapaya, gerente general de Activos Mineros S.A.C.  Hay pues mucho por hacer y algunas empresas han dado el ejemplo. Una de ellas es Chinalco.

Entre los años 1929 a 1934, la empresa Cerro de Pasco Corporation construye el túnel Kingsmill, para el drenaje de las aguas subterráneas del distrito de Morococha. Esta infraestructura, de 500 metros de profundidad y 11 kilómetros de extensión, luego se convirtió en un foco de contaminación.

Desde hace más de 70 años, del túnel se drenaron más de 1,000 litros de agua por segundo, contaminada con ácidos y metales como hierro, aluminio, manganeso, cobre, zinc y arsénico. Toda esta agua acabó en el río Yauli, que discurre por la región Junín, pero en la actualidad es tratada por una planta construida por la minera Chinalco, que explota el yacimiento Toromocho.

 La planta de US$40 millones fue diseñada para reducir la cantidad de sólidos suspendidos y eliminar los sulfatos de un nivel de 1.600 miligramos por litro a cero.

Irónicamente, la planta capta las aguas contaminadas que trae el río Yauli a través del Túnel Kingsmill. Su capacidad de tratamiento es superior a los 5,000 metros cúbicos por hora. El Túnel Kingsmill, es cierto, representa aproximadamente el 20% del flujo del río Yauli y aproximadamente sólo uno por ciento del caudal del río Mantaro.

La planta de Chinalco comenzó a operar en el 2010. Su buena idea se ejecutó antes del cierre de la mina. Quizá las mineras no deberían esperar tanto tiempo para remediar. Para rehabilitar. Para subsanar. Para congraciarse. Para empezar desde cero.

*Este informe apareció en la edición 59 de la revista Energiminas.

 

Autor: Jean Pierre Fernandez (jpfernandez@prensagrupo.com)