«Perú fue, es y será un país minero»: charlamos extensamente con Luis Rivera

«Perú fue, es y será un país minero»: charlamos extensamente con Luis Rivera

Luis Rivera, presidente saliente del Instituto de Ingenieros de Minas del Perú (IIMP) y uno de los ejecutivos mineros más importantes del Perú (es nada menos que el vicepresidente para las Américas de Gold Fields y el rostro de la minera en el país y en cuanta conferencia-convención-feria-taller-congreso-seminario minero haya), tira de cifras e investigaciones para reforzar lo que es muy evidente: la minería en el Perú es una actividad axial, determinante y acaso “la salida más rápida, la única quizá” para salir cuanto antes del hoyo en el que ha metido el Covid-19 a la economía mundial. “No cabe duda que nos enfrentamos a un escenario complejo, ya que el brote del coronavirus no solo ha traído restricciones a nuestras faenas habituales, sino que ha llevado además a que el precio del cobre se ubique en los niveles más bajos, desde el 2008, y llegue a los US$2.20 la libra, lo cual ya es preocupante. Ello se verá reflejado, sin duda, en nuestras arcas fiscales”, escribió para el IIMP no hace mucho, presuponiendo que el camino de la recuperación será lento y doloroso. Y advirtió posteriormente que el país debería pensar desde ya en los días posteriores a la pandemia, en una nación que se convenza de una vez por todas que la industria minera es un “aliado clave para salir exitosos de esta guerra”. Pero en esta entrevista, una forma de despedida del IIMP, en la que estuvo al frente desde el 2018, Rivera Ruiz habla de un Perú muy posible, de un país que necesita convencerse de lo importante que es la actividad extractiva. Este diálogo se desarrolló a través del correo electrónico dado que el coronavirus ronda por todos lados.

Usted ha estado en el cargo de presidente del IIMP durante tiempos convulsos: 2018-2020, pero también de gratas sorpresas para el sector: Mina Justa y Quellaveco. ¿Deja el cargo con alegría o con algunos sinsabores? ¿Por qué?

Siempre dejar una institución tan querida como el IIMP son sentimientos encontrados, tenemos la alegría de los logros alcanzados (Perumin 34, ProExplo, membresía en el ICMM, participación en Rimay, publicaciones, etc.), pero la tristeza de dejar un equipo de gente muy comprometida, aunque, como manda el estatuto, seguiré siendo director por un periodo más y miembro del consejo consultivo por muchos años más.

Han pasado meses, y muchos seguimos sin entender por qué Tía María no está en construcción: iba a utilizar agua de mar y nada del río Tambo. Su EIA había sido aprobado por las autoridades competentes del Ministerio del Ambiente. Estaba tan lejos del valle del Tambo como lo está Cerro Verde del río Chili. ¿Usted lo entiende, señor Rivera? ¿Usted puede darnos una explicación?

La historia de nuestro Perú está llena de contradicciones, aunado a un desequilibrio en la aplicación de la ley ante grupos minoritarios que hacen prevalecer sus intereses políticos e ideológicos sobre los de la población en general a partir del uso de mensajes pseudoambientalistas y violentos, pero que calan en una población que muchas veces tiene temores genuinos de algo que no conoce y que es nuevo para ella.

En Perú, los trabajadores ya tienen una participación directa en las ganancias de la empresa, que es única en el mundo, que son las utilidades.

Le ha pasado a Southern: la irracionalidad se impuso, la política prevaleció. ¿No le preocupa que pueda sucederle a otro proyecto, a otra empresa? 

Sí, la preocupación siempre estará allí, y es lo que las empresas manejan en sus matrices de riesgo social; habrá empresas que sabrán mitigar estos riesgos a partir de su propio expertise y se animarán a invertir en Perú, y habrá otras que simplemente se alejarán.

El expresidente del Consejo de Ministros, Pedro Cateriano, es muy activo en Twitter, y se ha referido a la actividad minera en varias ocasiones. Por supuesto, reconoce la importancia de las grandes y buenas inversiones del sector, pero también ha sostenido una idea razonable para muchos y subversiva acaso para los hombres de negocio como usted. Afirma que debemos ya pensar en un “accionariado compartido” entre las empresas y sus zonas de influencia. ¿Qué piensa usted de esta idea?

La imagen de las empresas omnipotentes fue forjada a durante el siglo pasado (1900’s) con los discursos socialistas que venían de una Europa cambiante y que fomentó que en el Perú, nuestra población campesina vea en las grandes empresas (que recién se formaban) al nuevo terrateniente del siglo XIX que había que combatir, después de haber combatido al encomendero español durante el siglo XVIII, una discusión muy bien planteada por Luis Novais en su libro Campesinos y Mineros, que fue casualmente auspiciado por el IIMP.

La gran empresa minera de hoy es esencialmente una empresa pública, con accionistas dispersos en el mundo, muchos ligados a grandes fondos de jubilados e incluso a iglesias cristianas europeas, como es The Church Of England, donde los márgenes ganados son esencialmente bancarios, estando todo estrictamente regulado por legislaciones supranacionales, como son el FCPA y el SOX que, en caso de faltar a ellos, tienen persecución civil y penal en todo el planeta y donde los ejecutivos son solo empleados de estas empresas.

Adicionalmente, en Perú, los trabajadores ya tienen una participación directa en las ganancias de la empresa, que es única en el mundo, que son las utilidades, es decir el grupo trabajador tiene derecho al 8% de los márgenes, sin haber tenido gasto de capital alguno.

Se ha esparcido una mentira frente a nuestras narices, señor Rivera: que la minería paga pocos impuestos, y más aún: que les devuelven los tributos y particularmente el IGV. En resumidas cuentas, que la actividad minera no contribuye en nada. ¿Eso es verdad? ¿Es ese un argumento válido?

La minería es la industria más normada y que más carga impositiva tiene en nuestro país comparado a otras jurisdicciones. En Perú, de los márgenes que tiene una empresa minera, en números gruesos, 50% se queda en el país, sobre esto hay un muy buen estudio del IPE que ha sido presentado por Diego Masera en varios foros. 

Debemos agregar también que la minería es una industria de alto riesgo, donde el inversionista no tiene garantizado en lo absoluto su ganancia, en números gruesos, de 300 proyectos de exploración, solo uno llegará a ser una operación minera.

Deja el cargo usted también sin haberse promulgado la Nueva Ley General de Minería. ¿Qué cambios contendrá, usted lo sabe? ¿Qué cambios debería contener? 

Como comentamos antes, los cambios, más que en la Ley General de Minería, tienen que venir en la normativa asociada, y desde el IIMP y con la voz del Dr. Miguel Cardozo hemos hecho innumerables propuestas para mejorar la normativa de exploración, que es la madre de la industria minera. Hoy las trabas existentes son simplemente burdas, pedir consulta previa o información arqueológica para hacer trincheras, EIA para proyectos de exploración pequeños, es simplemente matar la exploración, actividad cuyo impacto ambiental es mínimo y cuyas permisos ambientales deberían reemplazarse por declaraciones simples, a las que podrían adjuntarse cartas de garantía o de caución que garanticen el recupero de cualquier afectación ambiental, tal como se hace en otras jurisdicciones mineras. Con ello la actividad podría tener un nuevo renacer y poner en portafolio nuevos yacimientos que con los años se transformen en proyectos y ojalá en operaciones mineras.

¿Será un problema el término “cabecera de cuenca” para la actividad minera en el Perú en el futuro?

Desde el IIMP también nos hemos pronunciado sobre ello, sabemos que las cuencas tienen una definición integral y esta se extiende a todo lo largo y ancho de un valle, hablar de cabeceras de cuencas es crear un concepto que puede llevar a una población a crear sentimientos de protección y luego a un legislador a crear legislación que impida actividades en estos sectores de la cuenca, y no solo mineras, sino también hidrológicas, energéticas, etc. La información sobre la cuenca ya está requerida en los EIA y si estás requieren actividades de monitoreo y protección, los permisos del ANA y del ALA solo son entregados cuando estas instituciones se sienten satisfechas con ello, por todo esto, crear terminología no técnica y luego legislación sobre ella es simplemente contraproducente.

Sin minería durante los últimos 20 años, la pobreza en el país no sería de 21%, si no que superaría el 40%.

Se despide también del cargo con un Perú menos atractivo para las inversiones mineras, según el Instituto Fraser. ¿Eso le enfada? Jurisdicciones como San Juan, en Argentina, aparecen mejor colocadas, y localidades en Canadá, Finlandia, Australia y Suecia también. Repito: ¿Eso no le enfada?

Creo que más bien que nos debería poner alertas, la inadecuada legislación creada específicamente para exploración en Perú en los últimos años nos está pasando la cuenta, la incapacidad de acceder a la tierra también; esto ya fue mostrado por el IIMP cuando presentamos el Índice de Competitividad Minera a fines del año pasado, donde mostrábamos que a pesar de salir en las primeras ubicaciones en el rubro de Potencial Geológico, salíamos muy mal parados en los rubros de Infraestructura, Política Tributaria, Instituciones y Regulación y Social.

¿Es usted un convencido, como el señor Alberto Benavides de la Quintana, que el Perú tiene todo para ser un país del primer mundo? ¿Es usted un optimista?

Definitivamente sí, un país es tan grande como quiera serlo, como crea serlo y nosotros para ser grandes tenemos que creernos grandes, pero tenemos que trabajar para ello; no podemos negar que en estos últimos 30 años nuestro país ha caminado bien, y hemos mejorado en el índice más importante, que es la reducción de la pobreza, que de niveles mayores al 50% en los 90, ahora está ligeramente por encima del 20%, y todos sabemos que esto se debe esencialmente a la minería como fuente de riqueza, unido a una economía abierta al mundo y que fomenta la libre inversión y la creación de empresa.

Estará usted de acuerdo conmigo en que el cambio en la industria es ya una realidad. Automatización y electrificación, siempre y cuando mejoren la productividad o la seguridad o algún indicador, serán bienvenidos en el sector. El cambio es palpable en Australia, algo sólido en Chile y poco notorio en Perú. ¿Lo veremos pronto?

Al escribir esta nota todos nosotros estamos viviendo un evento que, según muchas opiniones, cambiará la historia del mundo, que es la pandemia del coronavirus, el Covid-19, y cuyos efectos aún no los sabemos, pero obligarán a que naciones enteras, empresas enteras, instituciones completas, se muevan al teletrabajo, a la movilidad eléctrica, a redefinir el rol del viaje de negocio, a replantear la necesidad de las clases presenciales, que a la luz de la experiencia que vivimos hoy todos nosotros, eran actividades normales en un pasado cercano pero que hoy se ven simplemente como un desperdicio valioso de recursos.

La minería genera mucha riqueza monetaria. Basta con observar los números del MEF. Eso es innegable. ¿Pero no cree, como Claudia Cooper, presidenta de la BVL, que algo falla? Las localidades mineras son pobres a pesar del dinero que hay en sus arcas. ¿Qué falla? ¿Acaso la distribución de riqueza? ¿Acaso este sistema aparentemente descentralizado? ¿Tiene usted una idea, señor Rivera?

Pensar que alguna actividad industrial per se va a traer desarrollo total a una región es inexacto, las actividades mineras lo que hacen es traer el recurso económico del capital, la generación de trabajo a través de la mano de obra local, de los proveedores locales, las buenas prácticas socioambientales, la formalización; pero el desarrollo viene de la mano de actividades que tienen que venir de un Estado proactivo, presente, que se respalde en esos recursos que genera la minería para llevar educación, agua, salud, carreteras, comunicación, seguridad, bienestar general, etc.

En los últimos años, muchas mineras, ante una realidad de pobreza abrumadora, han mostrado grandes iniciativas en esos campos, reemplazando a ese estado ausente, pero las tendencias modernas de hoy nos dicen otra cosa, y se fomenta el modelo multiactor, donde la empresa simplemente apalanca proyectos que tienen que ser ejecutados entre el estado y la comunidad, el rol de la empresa de hoy es traer al estado, y debemos reconocer que, en los últimos años, nuestros gobiernos han sido muy proactivos en ello, han mostrado la voluntad de intervenir en regiones que en el pasado se las dejaban a la empresa minera.

Los chilenos, uno de los principales competidores del país por atraer inversiones mineras, llegaron a Canadá, al PDAC 2020, con una frase muy singular pero reveladora: “Somos y seremos un país minero”. ¿Acaso no le hace falta al Perú una inyección de orgullo parecida? 

Perú fue, es y será un país minero, hay 200,000 trabajadores directos en la industria, hay 1,200,000 familias que viven de la minería, simplemente falta que algunos sectores políticos se convenzan de ello y vean que la minería es quizás la única herramienta que puede llevar al Perú al estado de bienestar que todos buscamos.

¿El modelo de negocio minero debe cambiar, señor Rivera? ¿Y si es así, en qué? 

El modelo de negocio cambia constantemente, se adapta a la realidad, las empresas que vemos hoy en día son las que han sobrevivido a ese mundo cambiante y desafiante en que vivimos, las empresas en Perú, por ejemplo, han aprendido a llevarse bien con sus comunidades y hoy por hoy, el tema social  es el primer asunto tocado en directorios y con inversionistas que quieren invertir en Perú.

No le voy a preguntar, señor Rivera, por los proyectos mineros que podrían concretarse en el corto plazo. Eso nadie lo sabe y no lo pienso aburrir con esa boba inquietud. Pero sí permítame hacerle esta pregunta: ¿qué hubiera pasado con la macroeconomía peruana en los últimos tiempos si la actividad minera no fuera tan relevante aquí? El año pasado crecimos poco, y no crecimos menos de milagro. La pobreza se ha reducido, es cierto, pero ¿no es correcto pensar acaso que seríamos más pobres si no existiera la actividad minera en el país? 

Recurro al trabajo presentado por el CCD ya hace dos años, donde se ve que, sin minería durante los últimos 20 años, la pobreza en el país no sería de 21%, si no que superaría el 40%. Creo que eso habla por sí solo.

Dos preguntas. Ambas sobre Gold Fields. La primera: ¿la opción de convertir Cerro Corona en una operación subterránea es solo especulación, un deseo, o una alternativa muy probable? ¿El directorio de Gold Fields lo sabe?

Toda propuesta de reingeniería de un proceso nace siempre de un deseo, que luego es traducido en métricas a plantearse en los estudios respectivos, hoy por hoy el escenario subterráneo es un escenario estratégico más y tendrá que pasar los filtros de ingeniería, factibilidad y financieros en su momento.

La segunda: ¿va en serio la idea de tener otra operación minera greenfield en Perú? 

Sí, ya tenemos un pie en Áncash a través de nuestra participación en Chacana Resources que se encuentra explorando el proyecto Soledad, la idea es seguir moviéndonos en esa dirección, en proyectos tempranos que requieran capital y expertise que Gold Fields puede muy bien proveerlos.

Esta entrevista apareció en la edición 77 de la revista Energiminas.

Autor: Jean Pierre Fernandez (jpfernandez@prensagrupo.com)