Opinión | CASTILLOS DE PAPEL

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¿Qué sucedería si se cambia la tasa de impuestos para la minería?

Por Guillermo Vidalón,  superintendente de Relaciones Públicas en Southern Perú

Cuando por afán electoral se proponen medidas alejadas de la realidad, lo que se está haciendo es populismo. Y el populismo lo único que ha asegurado, a lo largo de la historia, es el atraso y el hambre de los pueblos en un futuro cercano, tal como sucede en la actualidad en Venezuela. Un político que aspira a dirigir los destinos de la nación debe saber –o al menos debería haberse informado– que existe un sistema económico mundial que facilita la integración comercial y el intercambio de bienes. Los gobiernos que actúan con sapiencia en dicho escenario logran el desarrollo social de sus pueblos.

Cuando se afirma que el impuesto pagado por las mineras debe pasar de 30% a 70%, no se está diciendo la verdad, porque el conjunto de impuestos que paga la minería en el Perú alcanza el 47%, más de lo que se paga por impuestos en países competidores como Australia, Canadá y Chile. ¿Qué sucedería si se cambia la tasa de impuestos para la minería? Lo más probables es que se postergue la inversión minera a la espera de otro escenario más propicio; y en el ínterin, los capitales mineros irán en busca de otros destinos más amigables y con potencial que existen en el mundo. La industria vinculada al sector minero interrumpirá su crecimiento y consolidación.

Presentar a Bolivia como un ejemplo a seguir es engañoso.

El argumento de que el Perú tiene un gran potencial geológico es cierto, pero no es un país suficientemente atractivo para desarrollar proyectos. Un inversionista se preguntará, ¿por qué invertir en el Perú si puedo hacerlo en otros destinos donde hay reglas claras que se sostienen en el tiempo? Propuestas como la planteada son un error porque reflejan el desconocimiento de la realidad. Cuando el Perú jugó al “nacionalismo” y al desarrollo autárquico, como sucedió entre 1968 y 1975, el resultado fue que el grueso de la inversión minera, orientada al desarrollo de proyectos de cobre, se dirigió hacia el sur, consolidando a Chile como el primer productor de cobre del mundo. 

Muchos años después, cuando el Perú decidió abrirse al mercado internacional, suscribir tratados de libre comercio y comprometerse a respetar las reglas del sistema económico internacional, sucedió todo lo contrario. La inversión minera retorna al Perú, realiza trabajos de exploración en todo el país y donde encuentra un yacimiento que considera relevante lo desarrolla y convierte en mina. Así surgieron Yanacocha, Antamina, las Bambas, Quellaveco y otros. Además, es gracias a la exploración que contamos con una cartera de proyectos superior a los US$ 57,000 millones, que representan 2.3 millones de empleos directos e indirectos. Y en consecuencia, menos pobreza.

Presentar a Bolivia como un ejemplo a seguir es engañoso. Cuando se produjo el anterior boom minero, entre el 2004 y el 2014, el Perú creció en promedio 7% anual y redujo la pobreza de 60% a 20%. Mientras que el país altiplánico, gobernado por el MAS de Evo Morales, lo hizo en 5% y redujo la pobreza a 50%. Es decir, el Perú con su apertura económica, con sus tratados de libre comercio, con su política de atracción al capital lo hizo mucho mejor. Subsecuentemente, alejar la inversión minera promoverá el desempleo y acrecentará la pobreza, en circunstancias que se requiere reactivar la economía y contar con recursos para proseguir la lucha contra la pandemia.

Autor: Energiminas (info@prensagrupo.com)