Minería en tiempos  de pandemia

Minería en tiempos de pandemia

Por Luis Francisco Thais, especialista en prevención de conflictos y desarrollo sostenible. Esta entrevista aparece en nuestra edición digital.

Anuncian los titulares en la prensa mundial que la nueva normalidad es el cambio. Pero el cambio siempre ha sido la regla. La diferencia ahora es que los factores que lo dinamizan se aceleran y se precipitan más allá del control que creíamos tener. Si hay esperanzas de un retorno al statu quo pre-pandemia, entonces no estamos entendiendo lo que realmente está ocurriendo. 

La única certeza es el cambio

La normalidad pre-pandemia ya no existe. Los nuevos escenarios dibujan un horizonte incierto, modelados por interpretaciones que buscan evidenciar, explicar y corregir las vulnerabilidades y deficiencias estructurales que intensifican los impactos socioeconómicos de la crisis. Si bien en el corto plazo la contención de la pandemia y la reactivación de la economía parecerían pasos razonables para recuperar la «normalidad», lo cierto es que la pandemia se intensifica y se extiende en el tiempo, las proyecciones económicas se agudizan y los impactos sociales se avizoran más profundos de lo que imaginamos. ¿Cómo enfrenta este escenario un sector tan estratégico para nuestra economía nacional como la minería? Aquí nos proponemos desarrollar algunos de esos nuevos escenarios en un esfuerzo por entender los nuevos contextos que tendrá que enfrentar, resolver y asumir la gran minería en el Perú. 

El distanciamiento social y las relaciones con los grupos de interés  

Mientras la pandemia no se contenga mediante la vacunación universal, el distanciamiento social tenderá a normalizarse. Empero, su impacto en los procesos de gestión y toma de decisiones corporativas acelera el uso de tecnologías de comunicación virtual transformando las prácticas laborales. Claramente, la gran minería se encuentra equipada para garantizar así sus flujos de decisión interna; sin embargo, no sucede lo mismo con sus grupos de interés acentuando la relación de desconfianza existente. 

En el escenario territorial, la dinámica de conflictividad social no cesará y en cambio puede intensificarse con el aumento de las vulnerabilidades sociales y el descontento social.

En la actualidad hay múltiples procesos de diálogo y gestión social en suspenso que son de vital importancia para la estabilidad operativa de los proyectos mineros. Ante esto, la implementación de tecnologías e infraestructuras digitales son fundamentales para que empresas y grupos de interés puedan reanudar y fortalecer sus procesos de comunicación y construcción de confianza. Existen muchas experiencias exitosas con el uso de plataformas virtuales de participación, consulta ciudadana y audiencias públicas que podrían ser metodológicamente adaptadas al contexto minero en el Perú, siempre y cuando las comunidades cuenten con acceso a infraestructuras digitales. 

Y es este aspecto el que podría convertirse en una de las banderas de la gran minería. Dotar de equipos, capacidades y garantizar la conectividad de todas las comunidades en las zonas de influencia, no solo permitiría dar un salto cualitativo al implementar herramientas inteligentes -georreferenciadas, en tiempo real y hechas a la medida de las comunidades- para fortalecer la gestión social y ambiental, sino además establecer una interfaz directa con los miembros de la comunidad para conocer de primera fuente sus expectativas y aspiraciones. Aunado a todo lo anterior, las oportunidades de desarrollo de comunidades y pobladores se verían multiplicadas gracias al acceso a plataformas digitales de comercio, educación, salud, empleo, servicios financieros, comunicación, sólo para empezar. 

En esencia, las tecnologías digitales constituyen un factor crucial para la estabilidad operacional de los proyectos mineros ya que viabilizan la predictibilidad necesaria para enfrentar las incertidumbres que aún plantea la pandemia -en términos de duración, frecuencia e intensidad-, potenciando el desarrollo humano y las capacidades aumentadas (ver Human Development Report 2019 del  PNUD) en sus zonas de influencia. 

Las percepciones y los miedos en las comunidades

Hay varias comunidades y centros rurales que perciben a los proyectos mineros como parte activa de la cadena de transmisión del virus. A pesar de las medidas sanitarias adoptadas durante la etapa de operaciones críticas, varias unidades mineras reportaron contagios coincidiendo además en algunos casos con brotes en comunidades en zona de influencia. 

Dada la ausencia de centros de salud y personal médico especializado, las vulnerabilidades y riesgos de las comunidades y los centros rurales ante el contagio del COVID-19 aumentan considerablemente. Si bien algunas comunidades han sido beneficiadas con la donación de equipamientos médicos (oxígeno, equipos de protección personal EPP, pruebas serológicas (rápidas), etc.), hay comunidades que, en aras de su protección, no han tenido otra opción que restringir el acceso a sus territorios con las consecuencias que ello supone tanto para sus actividades económicas como para las mismas actividades mineras. 

Ante la latencia de estos riesgos, la gran minería deberá diseñar e implementar responsablemente medidas complementarias a la RM 128-2020-MINEM/DM con el objetivo de evitar la transmisión del virus en zonas de influencia. Esta ruta precisa, por un lado, del diseño de protocolos estrictos y diferenciados para contratistas, proveedores de servicios, trabajadores locales y para el personal operando desde la comunidad. Por otro, establecer fases progresivas de restablecimiento de contacto con comunidades, partiendo del aislamiento máximo de la unidad minera a fases graduales y controladas de contacto con las comunidades. Un primer paso en esta dirección es evaluar la prevalencia de inmunidad tanto en la unidad minera como en la comunidad (para lo cual se requerirían pruebas rápidas para determinar presencia de anticuerpos y pruebas moleculares para confirmar casos de contagio e iniciar la traceología respectiva), estableciendo una línea de base para adaptar las medidas más acertadas de contacto con las comunidades. 

En el caso indeseado de que las medidas de protección y prevención de la transmisión en las comunidades y en las unidades mineras resultasen insuficientes y se identifique un aumento en el número de contagios o se reporten fallecimientos, los escenarios operativos de los proyectos mineros podrían verse seriamente afectados o incluso paralizados además de enfrentar una mayor resistencia ciudadana. 

Con el propósito de disminuir los riesgos asociados a la salud de las comunidades y de los trabajadores locales, los proyectos mineros también podrían considerar establecer -en alianza con el Ministerio de Salud y sus dependencias regionales-, unidades hospitalarias especializadas, equipados humana y técnicamente para atender casos de contagio y activar campañas de prevención, monitoreo y atención en las zonas de influencia, permitiendo, además, generar un entorno donde comunidades y trabajadores locales se sientan y estén más protegidos, seguros y respaldados. 

Las vulnerabilidades de los Grupos de Interés 

Los impactos de la pandemia en las comunidades campesinas y rurales del país son alarmantes y se suman a las condiciones preexistentes de pobreza y pobreza extrema en muchas zonas de influencia. La crisis económica y el distanciamiento social acentuarán todos los aspectos prioritarios de la vida comunitaria:  reducción sustancial de los ingresos; interrupción de la continuidad escolar y el cierre de muchos centros educativos ante la ausencia de una alternativa virtual; el desabastecimiento de bienes de consumo de primera necesidad -incluyendo medicamentos-; la interrupción de programas sociales vitales contra  la desnutrición y la anemia; el acceso limitado a servicios financieros y la entrada de remesas; y, en casos más extremos, la disponibilidad de servicios básicos para la salud como el agua potable.    

Ante la situación descrita, ¿qué opciones manejan las comunidades para sobreponerse a las múltiples dimensiones de la crisis? ¿Cuál es la real capacidad del gobierno central para responder a las necesidades de comunidades y centros rurales a través de todo el país? ¿Cómo los afectará la disminución de la inversión pública y social en sus territorios?  ¿Cuál será el impacto local y regional y cómo se atenderá la disminución de los recursos del canon y regalías? y, finalmente, ¿cómo afectará todo lo anterior la relación entre empresa, las comunidades y el Estado? 

Mientras la pandemia no se contenga mediante la vacunación universal, el distanciamiento social tenderá a normalizarse. Empero, su impacto en los procesos de gestión y toma de decisiones corporativas acelera el uso de tecnologías de comunicación virtual.

El sector minero debe prepararse para profundizar y ampliar sus acciones y programas en gestión social, manejo ambiental y desarrollo sostenible. Hoy más que nunca la viabilidad de la gran minería dependerá de su capacidad de empatía y de su decisión de convertirse en un socio estratégico para articular alianzas multiactor que atienda los desafíos sanitarios y de desarrollo humano de las comunidades y sus territorios. Esta empatía será el gran diferenciador para relanzar la gran minería en el Perú en tiempos de pandemia y post-pandemia. 

El panorama económico 

Las proyecciones macroeconómicas del país apuntan hacia una contracción y la intensificación de las vulnerabilidades sociales reflejadas en un aumento de los índices de pobreza, pobreza extrema, desigualdad, informalidad, sólo para mencionar las más críticas. El Gobierno ha sido pionero en impulsar políticas fiscales y de protección social sin precedentes en América Latina (bono para hogares; bonos para independientes; subsidios para empresas; bono familiar, retiros extraordinarios de la AFP, entre otros) logrando mermar los impactos iniciales de la crisis sobre lo más vulnerables.  Sin embargo, las medidas podrían no ser sostenibles en el mediano y largo plazo dada la presión fiscal. 

En un contexto donde la pandemia ha puesto en evidencia las virtudes de las políticas universales, redistributivas y solidarias para la resiliencia y el bienestar social, la implementación de reformas estructurales —muchas de ellas aplazadas— se hace urgente para recuperar el dinamismo y el crecimiento económico. Dentro de las reformas priorizadas resaltan el Sistema Nacional de Pensiones; la redistribución de los ingresos de actividades extractivas; el mejoramiento de la recaudación y la expansión tributaria; el fortalecimiento de políticas de protección social y el aumento de la flexibilidad del mercado laboral para reducir la Informalidad.

Si bien la aplicación de estas reformas está sujeta a la evolución del panorama político en el país, su implementación podría variar los marcos de estabilidad tributaria de la gran minería y repercutir sobre la legislación de los recursos del canon, sobrecanon y regalías mineras, las obras por impuestos y, los fondos sociales mineros. Esta situación invariablemente impactará el entorno operativo de los proyectos mineros dada la relación de los instrumentos con la inversión social en los territorios.

En el escenario territorial, la dinámica de conflictividad social no cesará y en cambio puede intensificarse con el aumento de las vulnerabilidades sociales y el descontento social, asociada a nuevos factores de inestabilidad como la afluencia de migraciones internas y la agenda electoral que se pueden convertir en el caldo de cultivo para nuevos conflictos socioambientales. 

Dada la recesión global y por extensión la menor demanda y caída de precios de los minerales, se hace indispensable pensar en alternativas que logren apalancar nuevos recursos, inversiones y líneas de negocio enfocadas en nuevos productos mineros de valor agregado mediante el desarrollo de cadenas productivas que reporten impactos positivos sobre el bienestar de las comunidades. 

El contexto internacional

El sistema internacional se encuentra en un proceso de ajuste en medio de una tensión de visiones que puja por un lado, por un mundo más globalizado e interconectado con fuertes redes de cooperación entre países y, por otro, por un sistema internacional subordinado a intereses nacionales basado en la competencia entre Estados. En este contexto, la pandemia acelera la dicotomía: se reclama mayor cooperación para controlar el virus y mermar sus impactos sobre las cadenas de suministros, el comercio y las finanzas internacionales y, simultáneamente, se exige el cierre de fronteras, la declaratoria de estados de emergencia y la aplicación de políticas de seguridad nacional para responder a la crisis sanitaria y social del virus. 

Hasta el momento solo se escuchan voces demandando un Estado-facilitador en función de fortalecer las perspectivas y el entorno operativo del sector.

¿Cómo afecta esta dicotomía internacional a la minería?  Lo primero que es necesario entender es que el ajuste del sistema internacional es aún un proceso en transición en un contexto de desorden y acomodo. Esta dinámica exacerba la incertidumbre en torno a la contención del COVID-19 y a la recuperación económica global y, en consecuencia, intensifica las confrontaciones entre intereses nacionales -particularmente entre las potencias- y en consecuencia, aumenta también las probabilidades de nuevos choques externos. 

En segundo lugar, la cooperación para el desarrollo y las instituciones financieras internacionales asumirán un liderazgo en la recuperación económica y social de los países en desarrollo con una agenda fuertemente anclada en el cierre de brechas y el cambio climático. Organismos como CEPAL, PNUD, Banco Mundial, hacen recomendaciones en líneas coincidentes que contemplan políticas de ingreso básico y protección social universal, y, nuevos pactos sociales que aborden aspectos fiscales, sociales y productivos. El FMI promueve, además, que las transferencias de los paquetes de estímulo fiscal garanticen una recuperación «verde» basada en: inversiones sostenibles, condicionamientos a industrias carbono-intensivas y, el diseño de planes climáticos de mediano plazo, entre otros. 

Por último, es importante destacar que habrá una mayor presión internacional para el relanzamiento de una agenda climática revitalizada con un «nuevo acuerdo verde» y la aceleración de una transición energética. Si bien ello requiere aún de un mayor consenso internacional -fruto de un próximo ajuste del sistema internacional-, lo cierto es que la ciencia anuncia que los impactos del COVID-19 palidecerán en comparación con la crisis climática que se avecina en los próximos años. Si hay una lección aprendida de la pandemia es que las crisis tienen la capacidad de movilizar las voluntades y los recursos para enfrentarlas. Y la crisis climática está a la vuelta de la esquina.  La gran minería debe planificar y secuenciar su transición a un mundo verde. 

Reflexiones finales para la Gran Minería

Las ideas marco expuestas aquí buscan poner sobre la mesa una serie de variables que, de ser consideradas por la gran minería en sus esfuerzos por ser más sostenibles, empáticas y resilientes, pueden determinar el camino cierto y responsable que requiere un país cuya economía orbita de manera importante en este ámbito. El mundo que ya llegó trae consigo una multitud de variables y escenarios -algunos lejanos pero plausibles, como lo fue la pandemia hace tan solo seis meses atrás-, que deben ser analizados y considerados dentro de los procesos de planificación estratégica de las empresas y en los planes de continuidad de negocios y gestión de riesgos. 

  1. La pandemia ha revelado fragilidades en las operaciones mineras de carácter estratégicas, operativas, logísticas e incluso financieras, afectando la estabilidad y reputación de la gran minería.  Debemos reconocer hoy que ninguna empresa es infalible a pesar de sus grandes estructuras y trayectorias y que, por el contrario, las empresas deberán repensar integralmente sus marcos de actuación para darle continuidad y viabilidad a sus operaciones. Queda claro que las respuestas iniciales de algunos proyectos mineros durante la fase de operaciones críticas careció del necesario análisis de los reales alcances y desafíos de la Pandemia. El camino de la reactivación económica y contención de la Pandemia es largo: repetir errores sólo prolonga y ahonda las consecuencias.  
  1. La mejor estrategia para afrontar la crisis es apropiarse y liderar el cambio. La pandemia reclama un proceso de ajuste y reflexión interna de la gran minería que debe resurgir con una nueva narrativa e idear una propuesta de valor distintiva que le permita generar nuevos caminos de competitividad y sostenibilidad. La nueva métrica de empresas resilientes exige liderazgos interdependientes y colaborativos; organizaciones más horizontales y ágiles; actuaciones más flexibles y solidarias con fuertes sinergias con sus grupos de interés. Si bien ello implica para muchas empresas mineras un cambio profundo en su ADN, su estabilidad y viabilidad dependerá en un porcentaje muy alto de ello.  
  1. Varios proyectos mineros han tenido la capacidad de repensarse y sacar valiosos aprendizajes. Sin lugar a dudas estas lecciones son de vital importancia y se reconocen en los esfuerzos por innovar y buscar soluciones «fuera de la caja» que vienen trabajando algunos proyectos mineros para fortalecer los estándares de seguridad y protección de la actividad, así como también para retomar el contacto con sus grupos de interés. Este tipo de iniciativas será fundamental para relanzar al sector por lo que resulta de suma importancia que se puedan comunicar y visibilizar de manera más vehemente. En esta dirección resultaría más que estratégico que el gremio minero pusiera a disposición de la ciudadanía una página web que permita dar a conocer por ejemplo los Protocolos de Prevención y Atención frente al COVID-19, sus resultados y aprendizajes. Todos estamos aprendiendo.
  1. Cambio de narrativa y liderazgos: Existe un amplio consenso con respecto a la importancia de la minería para el crecimiento económico del país. Durante los últimos años hemos escuchado del gremio un discurso que es compartido por casi todos los sectores: «la minería es esencial para el crecimiento económico».  Sin embargo, las posibilidades de un relanzamiento efectivo a partir de la narrativa actual parece improcedente por su desgaste y baja efectividad ante las exigencias que plantea la actual coyuntura global. La pregunta entonces es ¿Qué está dispuesto a hacer diferente la minería para relanzarse? ¿Cuál es la propuesta de valor de la gran minería para recuperar su dinamismo? 

Hasta el momento solo se escuchan voces demandando un Estado-facilitador en función de fortalecer las perspectivas y el entorno operativo del sector y que incluyen por lo general elementos como el relajamiento de estándares socioambientales; la viabilización urgente de proyectos mineros paralizados y; la priorización de inversiones públicas en área de influencia minera. Hoy el gremio minero no puede ignorar que la realidad ha cambiado y que el asocio colaborativo para superar la Pandemia va más allá de la demanda pasiva de facilidades. Estar a la altura de este gran desafío exige una mirada crítica hacia adentro y una nueva propuesta de valor. 

Autor: Energiminas (info@prensagrupo.com)