Gestión social en Petroperú:  «Hemos recuperado el tramo uno del Oleoducto Norperuano»

Gestión social en Petroperú: «Hemos recuperado el tramo uno del Oleoducto Norperuano»

El Oleoducto Norperuano es acaso la infraestructura de ingeniería más impresionante construida en el Perú. Es una serpiente de acero que recorre más de 1.000 km y atraviesa la selva, sierra y costa peruanas. El Oleoducto Norperuano inicia su recorrido en la Estación 1, en San José de Saramuro (Loreto), a orillas del río Marañón y a unos 200 kilómetros al sureste de Iquitos. Es en este punto que Petroperú, la petrolera estatal que gestiona la infraestructura, pudo contar más de 14 atentados a la tubería entre 2016 y 2017.

La estructura tiene sus años pues data de la década de 1970 pero los derrames, más que por fallas del oleoducto o desgaste, han sido provocados. Muchos de esos atentados están en investigación. No obstante, la petrolera peruana quiso averiguar los motivos subyacentes: ¿por qué la población daña la estructura? ¿Es que quizá la relación entre Petroperú y las comunidades cercanas está rota?

Sorprendentemente, Petroperú creó recién su gerente de Gestión Social en 2017 y ahora está al mando Beatriz Alva Hart, quien ha llegado con una estrategia basada en la reconstrucción de la confianza. Por supuesto, no ha sido fácil pero ha dado frutos. El más impresionante es que desde 2018 no se ha producido ningún atentado en ese tramo del Oleoducto Norperuano y gran parte del logro es consecuencia de una política basada en el rearme de las relaciones de convivencia. «Hemos recuperado el tramo uno con un relacionamiento sano, y esto no es otra cosa que el trabajo perseverante de respeto, de diálogo», dijo.

Beatriz Alva.

Durante su participación en la conferencia virtual «Comunidades nativas e hidrocarburos: fundamentos para un nuevo diálogo intercultural», organizada por Perú Energía, Beatriz Alva reveló que una de las estrategias más potentes y que más beneficios les ha traído hasta el momento es el desbroce ligado al sistema de alerta temprana o SAT.

Para proteger algo, debes interiorizar que es tuyo. Petroperú entendió este axioma y decidió aplicarlo. Primero, explicó la gerente de Gestión Social de Petroperú, buscó sentarse a la mesa con representantes de las más de 90 comunidades adyacentes al oleoducto. Hasta el momento ha firmado convenios de «convivencia y respeto» con la mitad de ellas. 

En los flancos del Oleoducto Norperuano hay un terreno que debe permanecer libre de vegetación. Esto se conoce como «derecho de vía» y son metros significativos. Pues este trabajo lo hacía antes terceros y ahora Petroperú contrata solo a la población local para que haga esta labor de mantenimiento. De este modo están logrando que lo que interpretaban como ajena sea visto ahora como propio y beneficioso. «Pero sumado a ello tenemos la alerta temprana, que reporta incidentes: un árbol caído, pintura desconchada o personas que no son de la zona», explicó Beatriz Alva. Agregó que si el oleoducto sufre un atentado, Petroperú no contratará a personal local.

El segundo paso fue mejorar la reputación de Petroperú en la zona y liberarla de ese calificativo de empresa que no cumple lo que promete.  Y en ese camino andan: la gestión es un trabajo sin fin.

El Oleoducto Norperuano, atraviesa costa, sierra y selva, y tiene una longitud de 1.106 km, de los cuales 854 km corresponden al ducto principal y 252 km al ramal norte. El ducto principal se divide en dos tramos, el primero está conformado por tuberías de 24 pulgadas de diámetro que unen las estaciones 1 y 5. 

En el segundo tramo, que se inicia en la Estación 5, la tubería de 36 pulgadas es protegida con cinta de polietileno negra de 20 milésimas de pulgada y cubierta con una cinta blanca del mismo material de 25 milésimas de pulgada de espesor para atravesar con éxito las zonas de montaña y de desierto.

Autor: Energiminas (info@prensagrupo.com)