El temor: el peor de los virus

El temor: el peor de los virus

Editorial Energiminas Nº77

En el Jr. de la Unión 554 (Cercado de Lima) se encuentra la Casa O’Higgins. Apenas al ingreso de la mayor de sus salas se puede avizorar una calicata de aproximadamente 5 metros de profundidad en la que se ven los tres pisos que tuvo esa casona desde su construcción en el siglo XIV: un piso afirmado, uno de mayólicas, un enrocado, hasta llegar al actual. Esta es la gran evidencia de que el Centro de Lima, tal y como lo conocemos ahora está construido sobre escombros y que ha sobrevivido a sucesivas debacles (terremotos, guerras o epidemias) que pusieron a prueba su talante como sociedad. En otras palabras, nos da el mensaje que esta coronacrisis también vamos a salir.

Lamentablemente la gran misión de algunos intelectuales económicos es siempre pronosticar los peores escenarios y, a través de estos malos augurios, asentar su capacidad predictiva. Sin menospreciar sus capacidades, no hay que tener un MBA para predecir que el mundo entrará a una etapa de recesión histórica. Entonces fabricar esos escenarios tenebrosos es básicamente para lograr una empatía con los miedos del auditorio. El ser humano está acostumbrado a manejar el temor desde su propia experiencia y suele aferrarse a los pronósticos aciagos. Es naturaleza simple. Es como el médico al que se acude por una molestia y que diagnostica un simple dolor muscular. Los seres humanos desconfiamos de los diagnósticos sencillos y buscamos una segunda opinión que confirme nuestros temores. Entonces nos aferramos a los diagnósticos que apunten al largo plazo, que demande probablemente una operación y fármacos, siendo todos estos probablemente innecesarios.

La gran diferencia, frente a otras crisis es que no se trata de una crisis interna, ni menos una localizada en un país del cual comercialmente dependamos»

La crisis del coronavirus nos pone nuevamente a prueba. Efectivamente, no se trata de un dolor muscular sino una afección que demandará cirugía preventiva y tratamiento de mediano plazo. La gran diferencia, frente a otras crisis es que no se trata de una crisis interna, ni menos una localizada en un país del cual comercialmente dependamos, que es lo usual en todas las crisis y sus efectos: Tequila (México, 1994), Tango (Argentina2001), Vodka (Rusia, 1998), Samba (Brasil, 1999), las puntocom (el mundo virtual, 2002), los PIIGS Europeos (2011); sino que estamos ante una crisis de carácter mundial y a la cual debemos enfrentarnos con propuestas que vayan más allá del temor.

Las economías más poderosas están saliendo a rescatar sus sistemas económicos: EEUU está lanzando un plan de 2.2 billones de dólares (2.2 millones de millones) para salvar su economía, siendo el plan de salvataje más grande aprobado en la historia estadounidense. Por su parte, en Europa, mientras los países del norte y delsur se ponen de acuerdo acerca de la emisión de lo que serían los coronabonos, se ha emitido un salvataje económico de 80 mil millones de euros para mantener la rueda giratoria de la economía. Mientras, la economía china ha puesto en marcha medidas fiscales por un valor de más de 322,000 millones de euros, siendo todas estas tan solo primeras acciones a lo que se prevé vendrá después. El mundo se ha detenido en seco para solucionar un problema sanitario grave, pero ahora deberá ver la forma de darle cuerda a la manivela para volver a rodar, por lo que una primera conclusión es que no estamos solos.

Las economías tendrán que salir con gran empuje, como la efervescencia de una botella de champagne, y la recuperación puede ser manejable porque la capacidad productiva está intacta. No es como la segunda guerra mundial (muchos suelen comparar la presente situación con esta etapa) donde se tuvo que reconstruir todo. Aquí no, estamos en stand by, en modo pause; la magia será básicamente darle un toque de vida a todo.

Un segundo aspecto que refleja un brillo en un cielo tormentosamente oscuro es que en términos macroeconómicos el Perú tiene la fortaleza suficiente como para plantarse frente a los vientos de pesimismo. Tenemos baja deuda, bajo riesgo país, buenas reservas, la elasticidad del 60% de las exportaciones (metales) es alta y capacidad para adquirir deuda. A nivel regional el país va a tener que demostrar que estos fundamentos económicos, sobre los cuales nos venimos vanagloriando por tanto tiempo, son lo suficientemente potentes para convocar a la inversión extranjera o interesar a la inversión local a sacar los soles de la billetera y ponerlos sobre la mesa para seguir apostando.

Pero más aún, en este escenario el país no podrá salir solo, sino que tendrá que hacerlo de la mano de socios confiables como los de la Alianza del Pacífico, acuerdo que deberá demostrar su madurez y capacidad de negociación comercial con las mayores economías del mundo. Si bien estos factores son altamente positivos, el devenir económico, como en todas los demás aspectos de la vida cambiarán. Hay muchos sectores que por efectos de sanidad van a estar condenados a tener una reactivación muy lenta como es el caso del sector turismo y en general el de servicios. Para estos se requerirán de acciones puntuales que les permita resistir hasta retornar a una nueva normalidad, cuyo escenario aún no está diseñado.

En apenas dos meses el mundo ha avanzado de golpe diez años porque ha probado forzosamente en sus diferentes versiones la automatización, el trabajo a distancia, la educación en el hogar y nuevas formas de manejo de información. Igualmente, no hay que ser adivino para decir que los sistemas de salud de los países serán evaluados para responder a nuevos retos similares al que estamos enfrentando. Mientras que la solidaridad y el trato igualitario, sobre todo en el acceso a la salud, serán ejes necesarios a debatir en todo el mundo.

En este contexto, uno de cambios, la inversión suele ser muy cauta. No hay nada más cobarde que un dólar. Pero también es cierto que en un contexto de cambios la inversión que se arriesga y se adelanta suele tener rentabilidades estratosféricas. El que pega primero, pega dos veces, indica el refrán. A dónde vamos es que si bien los temores son una reacción natural a lo desconocido, hay muchos elementos que indican que vamos a salir parados de esta crisis, pero saldríamos mucho mejor que si solo esperamos a que amaine la lluvia y despeje el cielo.

El universo empresarial deberá generar nuevas oportunidades, haciendo investigación, desarrollando propuestas innovadoras en este nuevo escenario mundial que será más desafiante y en donde las instituciones y empresas no van a poder hacer más de lo mismo, sino que tendrán que reperfilar se. En este nuevo escenario es necesario que el Estado reduzca las incertidumbres y facilite el desarrollo de la inversión, mientras que al empresariado le tocará ser doblemente visionario e ir más allá del plazo inmediato, con nuevas herramientas para participar en esta nueva economía mundial que se está preparando.

El gobierno peruano está realizando un esfuerzo meritorio para generar condiciones hacia una inmediata recuperación, pero servirá de poco si el espíritu timorato cala y se deja de invertir y apostar. El temor es para la economía el peor de los virus, porque este se suele expandir, a veces, sin ningún tipo de fundamento. Se trata, como dijimos, de una reacción natural, pero la naturaleza también nos da muchas lecciones y nos indica que si un cuerpo vivo deja de moverse es porque simplemente está muerto o a punto de hacerlo.

Demostremos que esto no es así.

Energiminas Nº77

Autor: Carlos Rosas (diseno.capeco@gmail.com)