El presidente Vizcarra y la minería

El presidente Vizcarra y la minería

“Que se aclaren las dudas y (los) temores que existían alrededor del proyecto Quellaveco. Había discursos extremos, desde que la operación, tal y como estaba planteada al inicio, no iba a generar ningún problema (y traer) solamente beneficios, y también había posiciones del otro (extremo), señalando que esta operación iba a generar una catástrofe. En la mesa pudimos comprobar que la verdad se encontraba en el centro de ambos discursos, tanto así que de un lado la empresa ha aceptado una serie de modificaciones al estudio de impacto ambiental, lo que demuestra entonces que no se trataba de un planteamiento absolutamente bien evaluado. Por otro lado, hemos visto que tampoco la realización del proyecto iba a generar la catástrofe que algunos líderes temían”. PNUD 2014 Sistematización Mesa de Dialogo de Moquegua

Estas declaraciones de Martín Vizcarra cuando era gobernador regional definen una postura que marca un estilo de gobierno: Parte de escuchar a todos los sectores y encontrar un acuerdo, una verdad consensuada que emerge del diálogo. Así ocurrió con la mesa de Diálogo de Moquegua: durante 22 sesiones perfectamente organizadas en 21 meses, las organizaciones  sociales, los diferentes niveles de Gobierno y la empresa AngloAmerican se  pusieron de acuerdo, a pesar de las marcadas diferencias iniciales.

El actual presidente de la República, en una reunión del Grupo de Diálogo Minería y Desarrollo Sostenible, explicó porqué la mesa de diálogo de Moquegua tenía tres puntos de agenda que obligatoriamente tenían que abordarse de manera secuencial: Primero el tema del agua, luego el de la sostenibilidad ambiental y finalmente el de Responsabilidad Social.

Si no hay acuerdo sobre el agua, no hay forma de seguir conversando sobre las otras materias: sencillamente el proyecto minero no es aceptado. El agua primero luego la  mina.

El segundo punto se refiere a mitigar los posibles impactos ambientales en la construcción, la disposición del desmonte, los relaves etc.

Luego de resolver estos temas, recién se entra al del apoyo de la empresa al desarrollo de la región: El empleo, el fomento de emprendimiento, el desarrollo agrícola  y el monto del fondo social que en este caso se acordó en 1,000 millones de soles.

Ocurre que en muchas mesas de dialogo entre empresas  y comunidades – incluso con la participación del Gobierno, en particular del Ministerio de Energía y Minas -, el primer asunto que se trata  son los fondos a otorgar  y las obras, relegando la importancia del agua y los aspectos ambientales.

La Mesa de diálogo de Moquegua bajo la conducción de su Gobernador Regional marcó claramente una diferencia.

Las conversaciones fueron cuidadosamente organizadas, muy participativas y técnicas. No fueron simples negociaciones de toma y daca o un listado de proyectos. Cuando la empresa informó que la cantidad de agua  que iban a impactar, – una vez abierto el tajo de la mina –  era de 63 litros por segundos, surgieron dudas entre los participantes  y la resolución fue algo inédito: se acordó encargar al Unops  (entidad de Naciones Unidas)  para que corrobore o modifique la estimación alcanzada por la empresa. Y así se hizo y sus resultados fueron  similares.

Los acuerdos en el asunto del agua fueron espectaculares. La empresa se comprometió a construir represas y a usar las aguas de menor calidad. Asegurando agua para sus operaciones, disponiendo más agua para Moquegua y reponiendo la que se aporta a la otra cuenca: El valle del Tambo.

Ocurre que en muchas mesas de dialogo entre empresas  y comunidades, el primer asunto que se trata  son los fondos a otorgar  y las obras, relegando la importancia del agua y los aspectos ambientales.

Las discusiones fueron tan profundas y técnicas que la empresa aceptó modificar su propio EIA ya aprobado, acordando devolver el desmonte extraído – una vez culminada la vida útil de la mina – al mismo tajo. Se le denominó método de la codisposición.

La  Mesa de Diálogo tuvo una duración de 21 meses; en un inicio la empresa estimó que iba a durar 3 meses y así se lo hizo saber al Presidente Regional, pero la tradición participativa de Moquegua cuyo antecedente más  notable nació en el Puerto de Ilo, impuso una dinámica de diálogo con mucha información y participación. Y por si esto fuera poco, al final y suscrito los acuerdos, se formaron tres organismos: El Comité de Monitoreo, Verificación y Recomendaciones de los Compromisos asumidos en la MDM, el subcomité de Monitoreo Ambiental Participativo (MAP) y la Comisión de Constitución del Fondo de Desarrollo de Moquegua. Una verdadera reforma institucional

La empresa con un mejor panorama de los precios de los minerales y superado sus problemas financieros, debe iniciar la construcción del proyecto este año. Y es bueno  destacar que hasta al momento ha cumplido con los compromisos contraídos en el aspecto social y los  recursos  hídricos.

Existe una poderosa lección que ha  protagonizado el actual presidente del país: Si los gobiernos regionales y locales participaran desde un inicio con iniciativa, conocimiento y competencia compartida en la viabilidad de los grandes proyectos de la industria extractiva, los resultados serían mucho más sostenibles y legítimos.

Gestiones como la de Juan Manuel Guillén en Arequipa y la de los alcaldes Díaz Palacios y Herrera en Ilo, corroboran que lo logrado  por el entonces presidente regional de  Moquegua es posible: un trabajo conjunto desde un inicio entre los Gobiernos  Regionales y el Gobierno Nacional: desde luego residiendo en este último la atribución para aprobar el proyecto.

Cuando un gobernante regional se pone al margen de la gestión de un proyecto que se ejecutará en su región, los conflictos crecen y su sostenibilidad es frágil y si se opone abiertamente su factibilidad es casi imposible. El ejemplo de Cajamarca lo demuestra claramente.

Cuando se desempeñó como Ministro de Transportes, algo de este estilo de gobierno innovador y participativo se pudo apreciar cuando intervino en el conflicto que se generó en Cotabambas donde hubo un saldo lamentable de un muerto: No sólo participó directamente con un mensaje poderoso en una masiva reunión con cientos de pobladores de las comunidades que mantenían bloqueada la vía, sino que se acordó Un Plan de Desarrollo de Cotabambas y el distrito de Progreso.  Por un valor de 2,055 millones de soles hasta el año 2021, con fondos del Gobierno Nacional, el Gobierno local y la empresa Las Bambas.

En la actualidad se reportan informes que de acuerdo al cronograma, se ha ejecutado este presupuesto en un 40%, mostrando de esta manera algo nuevo en relación al pasado: el cumplimiento por el Ejecutivo de los acuerdos suscritos. Sin embargo, la Mesa de Diálogo de Cotabambas constituye todavía reuniones de negociación de un  listado de proyectos; la expectativa es que algo de ello cambie ante la nueva gestión existente.

De hecho, otro gran desafío que abrió la gestión de Martín Vizcarra es que los Ministerios dejen de ser compartimentos estancos que no coordinan entre sí. Que realmente se propongan trabajar de una manera articulada y con una visión común.

La minería requiere reconstruir su reputación  y compartir un propósito. Mostrar humildad para reconocer errores y escuchar con respeto. De esta manera mucha gente apreciará su esfuerzo y aporte. Es necesario además que proponga una visión común de la minería y el país, que refleje un propósito para ciudadanos que se encuentren más allá del mundo minero.

Se cuenta ahora con un presidente que ha sido conocido por  hacer algo diferente con un proyecto minero. Actuó con mucha humildad y respeto con diferentes líderes distantes entre sí y logró diseñar un propósito en base al dialogo, el conocimiento técnico y la sabiduría popular. Esta es una buena ocasión para recuperar la esperanza.

Autor: Jean Pierre Fernandez (jpfernandez@prensagrupo.com)