«El cobre tiene un rol clave que jugar en una economía moderna de bajas emisiones»: AMSA

El mayor grupo minero privado de Chile tiene un pie en el futuro, a diferencia de un gran número de operaciones peruanas, muy bien puestas en el presente, que es ayer. Antofagasta Minerals quiere hacer minería del porvenir, que es ahora, minería sustentable con contenido.

De arranque, su presidente ejecutivo Iván Arriagada, a quien después de una charla en el Exponor 2,019 abordamos; desde el comienzo, sin tergiversar los más acuciosos estudios científicos y evitando plegarse a intereses corporativos, el ejecutivo admite que el calentamiento global es un hecho. Que lo afirme uno de los ejecutivos más importantes del cobre de la mayor nación productora de cobre del mundo, es un avance. No es la primera vez que Arriagada nombra las cosas por su nombre pero acaso la más enérgica de las veces. “Hacemos lo que hacemos con la convicción de que desarrollamos minería para un futuro mejor”, alega el consejero delegado de la minera del Grupo Luksic.

Antofagasta Minerals o AMSA, como es comúnmente conocida entre los círculos entendidos y la prensa, produce dinero con la venta del cobre. En términos corporativos, su core business es la extracción del metal básico de las rocas, como Codelco. Gestiona varias unidades mineras, una más moderna que otra, dispersas en el sur y norte de Chile. La última que ha construido –Antucoya- data del 2015. De modo que el negocio de Iván Arriagada es el metal rojo. Firmemente convencido de su valor como fruta para el desarrollo mundial por la electrificación de la ciudades (“Mil millones de personas en el mundo no tienen energía eléctrica”, sostiene) y la urbanización de los pueblos, Arriagada asevera que el cobre es el ingrediente infaltable en toda receta que implique generación de empleo, bienestar humano y mejor nivel de vida. “Tenemos la convicción de que el cobre, para urbanización y desarrollo en economías emergentes, tiene un rol clave que jugar en una economía moderna de bajas emisiones”. El futuro del mundo, de un mundo que sobrevive, sana y subsana, a juicio de AMSA, pasa por el cobre porque es el commodites “necesario para una economía moderna, más verde y sustentable”. Y añade: “Tiene un rol fundamental que jugar”. El cobre es el metal necesario para dotar a mil millones de seres humanos de energía eléctrica.

PROYECTOS

La cartera de proyectos de crecimiento de AMSA es amplia. El más grande de sus planes es la expansión de Pelambres. En estos momentos amplían la planta de molienda de la operación, muy cercana a la planta desaladora de agua de mar que desean ejecutar en el corto plazo para que sirva de respaldo “en caso que exista sequía prolongada”. En total, el proyecto requiere de una inversión de US$1,300 millones. El financiamiento, por cierto, está en manos de la corporación desde inicios de año.

En el caso de su mina Centinela, AMSA ha terminado el estudio de la expansión de la segunda concentradora. “Es el camino que vamos a seguir para crecer en Centinela y lo que estamos haciendo este año y parte del 2020 es optimizar el diseño para lograr un proyecto que cumpla con su promesa en materia de rentabilidad”, especificó Arriagada.

La expansión de Centinela requerirá, a priori, un desembolso de US$2,700 millones. Entretanto, en Zaldívar la empresa espera aumentar los porcentajes de recuperación de mineral. Este plan está aún en una etapa muy temprana de desarrollo.

En suma, AMSA intenta con estas inversiones aumentar su capacidad de molienda en Pelambres en 190,000 toneladas por día. “Esto nos va a entregar 60,000 toneladas de cobre fino anual adicional. Alrededor de un 15% más de la producción que tenemos hoy cuando entre en producción en el 2021”, revela el ejecutivo.

En tanto, la planta desaladora proporcionará 400 litros por segundo y alrededor de 150 litros serán “para la línea nueva y el resto es capacidad que dejamos para poder abastecer a Pelambres en el caso que exista, como digo, sequía prolongada”. Con todo, la concentradora de Centinela consiste en una operación que en una primera etapa agregará 90,000 toneladas de cobre y finalmente 180,000 toneladas al año cuando esté totalmente concluida. “No hemos tomado aún la decisión de ir a la construcción de este proyecto. Estamos en la etapa de optimizar su diseño”, aclara el presidente ejecutivo de la minera. “Y creemos que eso lo terminaremos en el 2020 para poder tomar una decisión de construcción”.

Uno de los componentes del proyecto es un nuevo tajo, Esperanza Sur, que AMSA constuirá este año. En este la empresa planea utilizar camiones autónomos. “Podemos diseñar el rajo con la geometría adecuada para camiones autónomos desde un comienzo”, dijo el ejecutivo.

GESTIÓN

Unos 20,000 trabajadores emplea AMSA y un 9% de este total está constituido por mujeres. Con todo, Arriagada no está contento con una participación femenina escasa. Refiere que desde las más altas esferas de la compañía se diseña e impulsa la integración de más mujeres a las operaciones mineras. “Trabajamos con mucha convicción para aumentar este indicador”, señala, “y nos hemos comprometido a doblar ese número al 2022 (…) tenemos la idea de que grupos más diversos son más inclusivos”.

En la empresa, no obstante, dos de cada diez supervisores son mujeres pero la cifra es aún pequeña para Arriagada, que pretende elevarla hasta el 30%. “No podemos proyectar nuestra compañía a treinta o cuarenta años adelante si es que prescindimos del talento que representan las mujeres. Queremos una cultura donde primen las mejores ideas y eso se logra con diversidad”, remarca.

Otra de las políticas de contratación de AMSA es la de dar oportunidades primordialmente a los pobladores de las zonas en las que operan. El 45% de los empleados del grupo minero privado proviene de las localidades en donde hace minería.

De algo se siente muy orgulloso este ejecutivo de la minera chilena: en su operación Centinela no hay accidentes fatales hace cuatro años y lo mismo en su unidad Zaldívar. Hace tres en Antucoya aunque sí uno en Pelambres: “Lamentablemente, el año pasado murió uno en Los Pelambres. Tenemos la convicción de que es posible hacer minería sin accidentes fatales y nuestra meta y objetivo numero uno es el no tenerlos”.

Antofagasta Minerals ha identificado 23 desafíos para mejorar su competitividad. Ha pedido abiertamente –y digitalmente- a todos los proveedores una solución a ellos. Uno de los grandes retos es la energía y el agua. Es un punto en común de todas las empresas y un extremo que atraviesa toda la industria. Insólitamente, casi la mitad del agua que utiliza AMSA en sus operaciones mineras proviene del mar y el porcentaje, aclara Iván Arriagada, aumentará por el proyecto de expansión de Pelambres con la construcción de la planta desaladora de US$500 millones. A pesar de todos estos avances y del deseo corporativo de reducir su consumo de agua fresca, reconoce el ejecutivo que a veces “no es viable construir una plana desaladora de agua de mar”. A veces por la distancia, a veces por la altura. En la mayoría de los casos porque los números simplemente no dan.

Otro aspecto del negocio es el consumo de energía. El grupo minero privado chileno de los Luksic ha echado mano de las energías renovables para mantener los costos en un mar tranquilo y siempre en movimiento la producción. Un 23% de la electricidad de las operaciones de esta organización proviene o del viento o del sol. “Estamos viviendo una transformación muy importante en el mundo de la energía más limpia”, matiza Arriagada. “Acabamos de firmar un contrato para obtener todo el suministro eléctrico para Zaldívar de fuentes renovables y para el 2022 certificar que el 100% de la operación Antucoya provendrá de fuentes renovables”. El cambio climático no es un asunto de risa en AMSA. “Hemos tomado el compromiso de reducir nuestras emisiones en 300,000 toneladas en el quinquenio que va del 2018 al 2022, usando mas fuentes renovables y siendo más eficientes, reduciendo el consumo en molienda e incorporando mas áreas verdes”, delinea el presidente ejecutivo de Antofagasta Minerals. “Tenemos alrededor de 27,000 hectáreas de terrenos preservados por bosques nativos”, puntualiza

En el 2018, AMSA obtuvo una producción récord de 725,000 toneladas a un costo caja de US$1.29 por libra. Un promedio en sus cuatro operaciones (en Pelambres el costo fue de US$0.91).

“Somos una compañía que está por tanto en el primer cuartil de los costos”, esclareció orgulloso Arriagada. “Tuvimos un año bueno en materia de producción; hemos logrado aumentar la producción con dos factores: inversiones en la capacidad de tratamiento y mejoras de eficiencia”.

Estos avances no son poca cosa para un hombre que conoce la industria, y sabe que esta es la única forma de “compensar los desafíos de menores leyes, mayores distancias de acarreo y más profundos yacimientos”. Y añade: “La eficiencia operacional es la clave”.

En el 2018, AMSA logró una mejora en productividad valorizada en US$184 millones y han acumulado desde 2015, a juicio de Arriagada, un ahorro de US$500 millones por las inversiones en las mejoras de eficiencia. “Como grupo estamos instalados en el segundo cuartil de los costos con un Pelambre muy bien instalado en el primer cuartil”.

Autor: Jean Pierre Fernandez (jpfernandez@prensagrupo.com)