Desarrollo minero sostenible en «modo pandemia»

Desarrollo minero sostenible en «modo pandemia»

Por Augusto Cauti Barrantes, ex viceministro de minas (esta columna aparece en la edición 81 de la revista Energiminas).

Transcurridos más de cinco meses de convivir con esta pandemia originada por el Covid-19 -que se evidenció en el Perú a inicios de marzo de 2020-, se aprecia una efectiva reactivación del sector minero. Efectivamente, según el boletín estadístico minero del Ministerio de Energía y Minas, las exportaciones de nuestros principales tres metales (las cuales representan más del 50% de las exportaciones mineras) crecieron en el pasado mes de junio; en el caso del cobre, se obtuvo un 31% más que el mes anterior; las de oro aumentaron en 86%; y las de zinc, en 136%. 

Si bien la producción minera de oro, plata y zinc decreció en julio pasado, en dicho período se obtuvo un incremento relevante en la producción de cobre, hierro, estaño y molibdeno. Por otro lado, las inversiones mineras alcanzaron los 2,274 millones de dólares americanos al mes de julio -segundo mes consecutivo de crecimiento-, mientras que las transferencias a los gobiernos subnacionales originadas con recursos generados por la actividad minera suman 2,069 millones de soles durante ese período. En cuanto al empleo, los titulares mineros han generado al pasado mes de julio un total de 160,304 empleos, mostrando un incremento de 4.1% en comparación con el mes anterior; con lo cual el empleo promedio generado por la actividad minera hasta el mes de julio fue de 170,303 trabajadores acercando la brecha respecto del mismo período de 2019. Adicionalmente, si se aprecia el consumo de electricidad de los principales usuarios mineros a inicios del mes de agosto último, ellos se encuentran tomando energía a niveles de sus consumos en tiempos pre-pandemia.

Lo anterior se viene logrando gracias a la reanudación de actividades económicas mineras, en forma progresiva, gradual y segura, con un manejo muy responsable de los protocolos de salud para prevenir y responder adecuadamente ante la covid-19. En una primera fase, se incluyó al estrato de la gran minería, lo que ha permitido reactivar 41 titulares que suman 63 unidades mineras, las cuales reportan por 110,970 puestos de empleo y representan aproximadamente el 88% del PBI minero metálico correspondiente al año anterior.  En dicha fase, se habilitó además la reanudación de proyectos en construcción de nuevas minas declarados de interés nacional, como Quellaveco en la región Moquegua y Mina Justa en la región Ica, cuya inversión global asciende a 6,900 millones de dólares americanos, con una generación aproximada de 16,000 empleos directos en su etapa de construcción. 

Posteriormente, con el inicio de la segunda fase, se reactivaron las actividades de explotación, beneficio, almacenamiento, transporte y cierre de minas de los estratos de la mediana minería, pequeña minería y minería artesanal formalizada, así como las actividades de exploraciones mineras correspondientes a la gran y mediana minería, con lo que se reanudaron 30 empresas más de explotación y 14 empresas exploradoras que generan un estimado de 33,681 y 2,026 empleos, respectivamente. Por último, en una tercera fase, se incorporaron a las demás actividades mineras que no habían sido consideradas en las fases antes mencionadas, lo que incluye a la minería en proceso de formalización.

En esta coyuntura, cabe reiterar que el desarrollo minero sostenible genera diversos beneficios para la población del Perú y contribuye con importantes recursos económicos que son requeridos y necesarios para crear y sostener empleos -más aún en su etapa de construcción-; aportar con tributos al erario nacional; transferir recursos de manera directa a los gobiernos regionales y locales a ser usados en las áreas donde se obtienen los productos de esta actividad; implementar programas de apoyo social; y, dinamizar la economía nacional y, en particular, las economías locales en aquellas áreas donde se realizan las respectivas actividades mineras.

Así pues, resulta fundamental seguir promoviendo e impulsando las inversiones mineras responsables, tanto en nuevos proyectos, como en aquellas que se realizan para sostener las operaciones en curso. A tales fines, se requiere un entorno apropiado de competitividad para que las inversiones puedan realmente aportar toda su magnitud, sin embargo, ciertos factores de la competitividad requerida para ello se ven afectados con esta pandemia generada por el covid-19.

En efecto, si bien no podemos controlar aspectos como los precios de los commodities, ni otros factores que causan incertidumbre a nivel internacional, esta pandemia genera los retos y desafíos siguientes: aumento en costos operativos, paradas/suspensiones de operaciones, caídas de producción, menor disponibilidad de personal, restricciones de movilidad, traslados y, finalmente, mayor conflictividad por carencias en zonas aledañas a las operaciones, la cual se puede acrecentar si empresas obtienen menos utilidades o requieren usar sus recursos para cubrir mayores costos, y por ende no pueden destinar tales recursos total o parcialmente para atender los programas o apoyos sociales que usualmente realizan o quisieran realizar.

En ese sentido, resulta fundamental que afrontemos esto bajo una alianza público-privada con creatividad y/o medidas de tipo extraordinario; mirando no solo el largo plazo a través del trabajo de una política de estado para el desarrollo minero sostenible como ha sugerido también el informe de la Comisión para el Desarrollo Minero Sostenible, sino viendo además una solución extraordinaria a la situación económica ya crítica que se viene presentando en el Perú como consecuencia de esta pandemia y que, todo hace prever, nos acompañará por varios meses más.

Para los fines anteriormente indicados, se debe tener presente que el país cuenta con una cartera de proyectos de construcción mina que comprende 48 proyectos e inversiones totales ascendentes a más de 57,000 millones de dólares americanos y un portafolio de exploración minera que cuenta con 64 proyectos con una inversión global cercana a los 500 millones de dólares americanos; en los que, de un lado, se deberá distinguir los proyectos de ampliación o reposición de vida útil de una mina en marcha respecto de aquellos que tratan sobre nuevas minas; mientras que, del otro lado, se debería diferenciar los proyectos greenfield de aquellos que son brownfield

Autor: Energiminas (info@prensagrupo.com)