Desafíos en el sector energía: ¿estamos preparados?

Desafíos en el sector energía: ¿estamos preparados?

Por Javier Lecca, líder de la Unidad de Negocios EPC Solutions de Siemens Energy, con sede en Perú

Ningún país en el mundo se encontraba preparado para una reacción efectiva ante una pandemia como la del COVID-19. Al inicio, nuestro país parecía haber reaccionado mejor que otros con una planeación y estrategia de respuesta ante los eventos ocurridos. Sin embargo, los resultados al día de hoy nos demuestran que, dichos planes y estrategias debieron ser corregidos y ajustados durante el proceso con miras a lograr los objetivos. Siempre es necesario realizar una autocrítica y esto no sólo aplica a nivel Estado sino en todo ámbito ya sea empresarial e incluso personal.

En particular, considero que en nuestro país ningún sector estaba preparado para un impacto como el ocasionado por el COVID-19. La demanda de los distintos sectores productivos se redujo sustancialmente y el sector de energía no es ajeno a ello. La situación de este sector, incluso antes de la pandemia, era que existía una sobreoferta de generación de energía y si a eso sumamos la contracción de la demanda y la consecuente reducción de precios spot, podemos deducir rápidamente el impacto en este sector.

Lamentablemente, no es posible predecir una pandemia, es un factor externo que nadie imaginó y que estuvo (y está) fuera de nuestro control. Sin embargo, la lección es que debemos prepararnos para situaciones extremas como la que nos toca enfrentar. El COVID-19 debe servirnos para evidenciar deficiencias en la gestión de diferentes actores económicos (sector público y privado) pero también es una oportunidad para adaptar nuevos y mejores procesos; por ejemplo, implementación de tecnologías digitales que permitan optimizar costos y tener una mejor capacidad de respuesta a situaciones extremas como la actual, necesidad de activar proyectos de inversión; y, desde la perspectiva del sector de energía, es un gran reto para acelerar la transición de la matriz energética con miras hacia la descarbonización a través de la integración de diversas fuentes de energías más limpias haciendo uso de nuevas tecnologías y cada vez más digitalizadas. Esta es la tendencia y es lo que permitirá a las empresas del sector mejorar su estructura de costos a la vez que las hará más competitivas y resilientes ante futuras situaciones imprevistas.

Prepararnos para una situación adversa es muy parecido a realizar la gestión de proyectos. Hacer un proyecto exitoso es una tarea desafiante que busca equilibrar distintas aristas como: seguridad (hoy en día, más vital que nunca), calidad, costo, tiempo y alcance; siendo dentro de ellas, la gestión de riesgos un aspecto que alcanza de manera transversal a cualquier actividad de proyectos. 

La gestión de riesgos, tal como la conocíamos, toma diferentes fuentes para anticipar y planificar la mitigación de situaciones que podrían afectar adversamente la normal ejecución de un proyecto; entre otras, la experiencia previa, las estadísticas, el conocimiento de campo, situaciones particulares de cada país, etc.  En contraparte, la gestión de oportunidades lleva a maximizar el beneficio de una situación favorable echando mano a las mismas fuentes que la gestión de riesgos.  

La situación actual lleva a plantearnos el reto de anticipar y gestionar lo que no puede ser imaginado al momento de embarcarnos en un proyecto, que por naturaleza ya es un esfuerzo único con riesgos y oportunidades específicas y particulares. Entonces, ¿cómo gestionar lo que no ha ocurrido antes? ¿Cómo planificar sobre lo cual no tenemos una experiencia previa?  Estamos en un punto en el cual debemos tomar las mencionadas aristas de la gestión de proyectos, hacer una crítica, evaluar sobre los temas que quedaron fuera de consideración y buscar la forma que nos permita hacerlas flexibles. Debemos considerar que la flexibilidad nos permitirá reaccionar en movimiento y de manera expeditiva a cualquier desafío que pueda presentarse, con la potencialidad inherente que tiene cualquier situación, nueva, de llevarnos a errores y equivocaciones, pero también nos permitirá hacer los ajustes sobre la marcha. 

Tal vez es el momento de tener una nueva perspectiva frente a la gestión de riesgos, estos no son necesariamente un reflejo del pasado, sino factores disruptivos para las empresas y ahora más debido a la coyuntura actual que vivimos con el COVID-19, y debemos estar preparados para equivocarnos al tomar decisiones en medio de situaciones que no hemos visto antes.

Finalmente, la situación actual es transitoria y, en un escenario futuro positivo, el sector energético retomará su crecimiento en la medida que la economía nacional se recupere. De hecho, se espera volver a los niveles de demanda previos al COVID-19 hacia 2021-2022. Por lo que el mayor desafío es impulsar la demanda a todo nivel. Como sabemos, la demanda energética está perfectamente correlacionada con el crecimiento del PBI y, por lo tanto, una caída de este último tiene un efecto directo en la demanda de energía. La reactivación de la economía es clave y debe ser un esfuerzo conjunto entre el Estado y la actividad privada. Además, el Estado debe retomar proyectos que se han pensado desde hace mucho tiempo como la interconexión eléctrica con Chile y Bolivia, así como los proyectos de transmisión en las regiones de la sierra y selva peruanas. Por otro lado, los mayores generadores de demanda están relacionados con otros sectores económicos como la minería, y en este sector hay varios proyectos de inversión que deben reactivarse responsablemente. 

La coyuntura actual nos deja una gran lección: no quedarnos enfrascados en una sola posición o rol, esto nos permitirá poder diversificar nuestro know-how en distintas áreas dentro de la organización. Además, a los actores del sector energético nos enseña a revalorar la importancia en el cambio en la metodología de la gestión de riesgo. 

Autor: Energiminas (info@prensagrupo.com)