Carlos Gálvez: «Me interesan los jóvenes y no los viejos, que ya no pueden cambiar el chip»

Carlos Gálvez, el presidente del Comité Organizador de la convención minera Perumin 34, cuando se le pide hablar, además del congreso que promociona, de la coyuntura actual, rehúsa educadamente hacerlo porque se conoce, y se sabe impulsivo, “sin filtros”, dice él, en una salita enchapada en madera en el piso 21 del Begonias, edificio que se yergue en el distrito de San Isidro, y en el que Compañía de Minas Buenaventura ocupa cinco plantas. “Por supuesto que tengo una opinión personal sobre los temas políticos pero preferiría no contaminar al Perumin con mis impresiones”, se excusa… por unos minutos.

El Perumin 34 se llevará a cabo del 16 al 20 de setiembre en un ambiente enrarecido por las protestas contra el proyecto Tía María, en Arequipa, protestas y reclamos que Gálvez Pinillos no puede llegar a comprender en su totalidad, en su real dimensión. No comprende por qué le dan la espalda a la inversión privada quienes más la necesitan. No entiende por qué existe esa demagógica elección entre agricultura o mina cuando en el mundo hace mucho que predomina la tecnología que hace posible la agricultura y la minería al mismo tiempo, en un mismo espacio geográfico.

“El negocio es lo que menos me interesa, probablemente me van a querer cortar la cabeza porque no estoy haciendo negocio, pero los que me interesan son los jóvenes».

“Le aseguro que las fresas más deliciosas, y que importan, y acaso terminan comiendo las producen allá”, dice Gálvez. Por “allá”, el jubilado exgerente de Finanzas de Buenaventura se refiere al área del Salt Lake City, en el estado de Utah, Estados Unidos. Es en este lugar que la operación Kennecott, de la gigante mundial Rio Tinto, produce cobre y los pobladores, a escasos cientos de metros del tajo, cosechan brillosas fresas que luego son enviadas a diversos rincones del mundo.

Carlos Gálvez intenta mantener la calma, pero por momentos pinta fuera de los bordes. Cuando le preguntas por la coherencia de las normas mineras, responde: “No son incoherentes, ¡son estúpidas!”. Le enfada (y le desilusiona al mismo tiempo) que un permiso para exploración minera tarde un día en Canadá y “por lo menos nueve meses” en el Perú. “Estamos acostumbrados en el sector minero a tener las cosas cuesta arriba”, dirá luego a modo de síntesis.

—¿Es competitiva la industria minera peruana?

—Las empresas trabajan en incrementar su eficiencia y productividad, en incorporar tecnología para poder competir en el mundo aún en precios bajos.

Perú tiene uno de los mayores potenciales geológicos para la minería en el mundo, pero con potencial no se hace nada, como un atleta que nada logra si no entrena.  El potencial es solo eso: posibilidad, chance, oportunidad, y Perú desaprovecha una y otra vez sus bondades hoy útiles en un mundo tan cambiante y de tecnologías también cambiantes. Suelen decir los que se oponen a la actividad minera que no importa, que se quede el mineral bajo tierra, que ya vendrán mejores oportunidades y mejores precios, pero olvidan que a veces llegan sustitutos y avances científicos, y en esos casos, como nos pasó con el guano y el salitre, la oportunidad se hace polvo.

—¿Qué le diría a las personas que creen que la minería no contribuye con el país?

—El sector minero directamente explica el 12% del PBI nacional pero tiene una capacidad dinamizadora notable. Empuja al sector construcción, y su hubiéramos dinamizado el portafolio de proyectos, ya estaríamos cerca del primer lugar en producción mundial de cobre. Y con todo ello podríamos haber tenido también ferrocarriles, más sistemas de tratamiento de aguas residuales, más puertos y hasta fundiciones, una en el norte y otra en el sur del país debido a que varias están cerrando en Chile…

Pero a Carlos Gálvez, a pesar de que prefirió no hablar de política, le cuesta alejarse de ella. Tiene una opinión sobre los últimos acontecimientos que afloran espontáneamente: “Hay efectivamente agentes radicalizados que se oponen a la actividad y basados en su criterio y violencia fomentan las paralizaciones del desarrollo de proyectos”. Y añade: “Digo con pena que quien tuvo que asumir el liderazgo no lo ha hecho; el rol de un líder primero es tener una visión de país y poder comunicarlo”.

Cuando le preguntas por la coherencia de las normas mineras, responde: “No son incoherentes, ¡son estúpidas!”.

Sobre la elaboración de la nueva Ley General de Minería, sostiene: “El presidente y los alcaldes piden el cambio de la Ley General de Minería y no saben que la Ley General de Minería en realidad no es lo que debería importar; lo que ellos quieren impactar es el impuesto a la renta y los tributos no tienen nada que ver con la Ley General de Minería; quieren revisar los permisos ambientales; eso tampoco está en la Ley General de Minería, y tampoco los asuntos sociales… Ni siquiera saben de lo que están hablando, eso es lo que me calienta”.  No existe el viento favorable para el marinero que no sabe a dónde ir, es una de las frases que más repite Gálvez Pinillos.

Cambia de humor cuando habla de los jóvenes (“A mí solo me importan los jóvenes, los viejos a la tumba”, dice). Sonríe el exvicepresidente de Buenaventura cuando se le pregunta por Perumin Inspira, una iniciativa que fomenta los proyectos sostenibles. El Perumin 34 ha recibido un total de 180 planes. “No esperábamos esa cantidad”, admite. El éxito también ha sido mayúsculo con los trabajos técnicos, “la esencia del Perumin”, según los describe Carlos Gálvez. “Hemos recopilado hasta el momento más de 500 trabajos  de alta calidad; es por lo menos 50% mayor al récord histórico de los Perumin”, afirma.

En la convención minera, recuerda Carlos Gálvez, también le darán espacio para que un gran proyecto, el ganador de la hackatón de hackatones, dé una charla en la Cumbre Minera, frente a los altos ejecutivos de las grandes empresas de la industria. El Perumin también tendrá un pabellón dedicado solo a innovaciones, y Carlos Gálvez no tiene la menor duda de que algunos de esos inventos “podría ser aprovechado por una gran empresa minera” o acaso otros sectores porque, a juicio de Gálvez, “son absolutamente escalables de manera transversal”. Podrían servir para minería, pero también para colegios, por ejemplo, conjetura. También habrá en el Perumin una mina virtual que mostrará cómo se hace minería en la actualidad.

El legado que espera dejar Carlos Gálvez como presidente del Perumin 34 tiene como foco a los jóvenes. En los viejos hace mucho que perdió las esperanzas. “Hay talento pero pocas oportunidades”, asevera. “Los jóvenes necesitan retos”. “El negocio es lo que menos me interesa, probablemente me van a querer cortar la cabeza porque no estoy haciendo negocio, pero los que me interesan son los jóvenes, que quieren comerse el mundo y no un viejo que ya no puede cambiar el chip”, afirma Carlos Gálvez Pinillos, jubilado.

Autor: Jean Pierre Fernandez (jpfernandez@prensagrupo.com)